“¿Qué se le dice a la gente que está perdiendo la paciencia por los precios de la gasolina a 3 dólares el galón? Y qué precio político piensa Ud. que está pagando por eso ahora?” Eran preguntas hechas al presidente en una rueda de prensa celebrada en agosto… de 2006. El presidente era George W. Bush. De hecho, eso mismo se lo preguntaron una y otra vez durante los ocho años de la presidencia de Bush, sin importar los precios de la energía en el momento.
En mayo de 2004, el New York Times informaba que los demócratas del Congreso “estaban intensificando la presión sobre la administración Bush para aligerar los precios de la gasolina” cuando los precios todavía estaban por debajo de los dos dólares el galón. En abril de 2005, en otra rueda de prensa, un periodista afirmaba: “Sr. Presidente, la mayoría de americanos desaprueba su gestión de la Seguridad Social, de los precios de la gasolina…” En 2006, la senadora Barbara Boxer (D-CA) exclamaba: “Desde que George Bush y Dick Cheney asumieron sus cargos como presidente y vicepresidente [respectivamente], los precios de la gasolina se han duplicado… Ellos se llevan demasiado bien con la industria de petróleo” y lo decía ella que se comportó de manera poco ecológica cuando decidió manejar el automóvil para ir a una conferencia de prensa en una estación local de Exxon que quedaba a una calle de distancia.
En 2008, la entonces presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (D-CA), “criticó duramente” al presidente por la tendencia alcista de los precios de la gasolina bajo su mandato – y el de ella también. En julio de 2008, la cadena ABC News le preguntó al presidente cuál era su “consejo a corto plazo para los americanos acerca de los precios de la gasolina” repitiendo una pregunta casi idéntica hecha en una rueda de prensa de febrero de 2008. En abril de 2008 decía Harry Reid, el líder de la mayoría del Senado (D-NV) que los precios de la gasolina eran “el asunto número 1 al que hoy se enfrenta Estados Unidos”.
Ud. ya sabe lo que quiero decir. Con todo, al final de la presidencia de Bush, los precios de la gasolina eran un 9% más bajos (ajustados a la inflación) que cuando el presidente asumió el cargo. Y me pregunto, ¿dónde estarán esos clamorosos críticos desde que Bush se fue?
Desde que el presidente Barack Obama juró su cargo, los precios de la gasolina han estado subiendo de forma constante al igual que los costos de la energía doméstica. Durante su mandato, podría decirse que Obama ha estado a la cabeza de la peor respuesta federal a un derrame de petróleo en la historia de nuestra nación y ha presionado para que el Congreso apruebe legislación que hará que, según sus propias palabras, los precios de la electricidad “se disparen”. No obstante, los medios de comunicación no han dicho casi nada mientras los consumidores se enfrentan a un precio de 3 dólares el galón en diciembre por primera vez en la historia de Estados Unidos y ven cómo se dispara el precio de la calefacción en los meses de invierno.
Esta semana, analistas que incluyen al ex presidente de la Shell, John Hofmeister, dicen que los americanos podrían estar pagando 5 dólares por el galón de gasolina antes de 2012. Los bancos de inversión están prediciendo una vuelta al barril de petróleo de 100 dólares y la OPEP está negándose a aumentar la producción. Todas estas noticias serían menos espantosas si la Casa Blanca se centrara en posibles formas de reducir el costo de la energía. Pero en su lugar, el presidente Obama admite tener la idea fija de subir el costo.
Apenas la semana pasada (con temperaturas frígidas y Europa y Estados Unidos azotados por el temporal de nieve), la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) anunció que comenzará a regular las centrales eléctricas y las refinerías de petróleo en un intento por contener el calentamiento global. Las nuevas regulaciones intentarán recortar las emisiones de gases de efecto invernadero haciendo más caro convertir combustibles fósiles en energía. Y el Secretario de Interior Ken Salazar anunciaba que la Oficina de Administración de Tierras (Bureau of Land Management o BLM) publicaría nuevas reglas que harán más difícil desarrollar recursos naturales en tierra que pertenezca al gobierno. Ambas medidas no sólo elevarán el costo de la electricidad sino que también nos hará más dependientes de fuentes de energía del extranjero.
Pero ningunas de estas acciones se comparan con la manera descarada en la que, de forma unilateral, el presidente Obama ha declarado muerta a la industria de petróleo de Estados Unidos. Durante el derrame de petróleo de la BP, Obama decretó una moratoria innecesaria de la perforación en aguas profundas y poco profundas, puesto que al parecer ninguno de los asesores de la Casa Blanca sabía la diferencia entre las dos. Después de que dos cortes federales dijeran la moratoria era ilegal, la administración Obama pasó a una moratoria de facto al no conceder ningún permiso, mientras aceleraba el proceso de permisos para los parques eólicos.
En octubre, el presidente Obama “levantó” la moratoria, pero desde entonces no ha concedido casi ningún nuevo permiso. A finales de noviembre, su administración decretó a todos los efectos una prohibición de perforar durante 7 años en la zona sur del Golfo de México y a lo largo de las costas del Atlántico y del Pacífico. Ya ni siquiera hablamos más del Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico (ANWR), hablamos de áreas pública y políticamente aceptadas para llevar a cabo perforaciones. Estas acciones, por supuesto, aumentan nuestra dependencia del petróleo extranjero, que como la OPEP indica, solo será más y más caro en nuestro futuro más cercano.
Finalmente, todo esto huele a desastre para el mercado laboral. Que haya precios más altos significa costos más altos para las pequeñas empresas, lo que a su vez significa que se contrata menos mano de obra. Los productores de energía están llevándose sus plataformas de las aguas de Estados Unidos en lugar de tener sus multimillonarios activos parados mientras el presidente destruye toda una industria. Y los negocios locales y minoristas que ofrecen sus servicios a esta industria a lo largo de la costa están perdiendo dinero y empleados, por no decir que están liquidando sus negocios.
El presidente Obama sabe que los costos de la energía se están disparando. Desde hace mucho, el mantra progre ha sido desincentivar a los americanos a comprar combustibles fósiles baratos haciendo que los costos aumenten. Porque la única forma en la que los consumidores escojan las mucho más caras alternativas eólicas y solares es que todos los precios sean altos en lugar de esperar a que el mercado baje los precios alternativos. Es una forma imprudente y devastadora de hacer las cosas, solo por hacer hincapié en su punto de vista sobre el calentamiento global a expensas de las familias americanas.
Prácticamente nadie en los medios de comunicación ha preguntado al presidente Obama acerca de: 1) su fallida actuación en el derrame de petróleo; 2) sus políticas unilateralistas que están ocasionando subidas en los costes de la energía doméstica; 3) la subida de precios de la gasolina y el petróleo; 4) la moratoria de facto respecto a la exploración petrolífera doméstica.
Es hora de comenzar a hacerle algunas preguntas difíciles a la Casa Blanca. Ya ha durado dos años la moratoria de sus responsabilidades y es mucho tiempo.
Este artículo está disponible en inglés en Heritage.org






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