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Obama, no Egipto, es la mayor amenaza para los precios de la energía en Estados Unidos

El viernes pasado en una conferencia con periodistas sobre las propuestas energéticas a largo plazo de la administración Obama, el secretario de Energía Steven Chu respondió a una pregunta sobre la situación en Egipto diciendo: “Cualquier alteración en Oriente Medio ciertamente significa una alteración parcial del [flujo de] petróleo que importamos. Es un mercado mundial y [una alteración] podría ser verdaderamente perjudicial para el precio. La mejor manera en la que América puede protegerse contra estos incidentes es disminuyendo nuestra dependencia del petróleo extranjero, de hecho, diversificando nuestras fuentes de abastecimiento”. Esto suena muy bonito pero lamentablemente, todo lo que la administración Obama está haciendo, solo aumenta nuestra dependencia de fuentes extranjeras de petróleo.

El secretario Chu tiene razón: El petróleo sí vende en el mercado libre mundial. Pero el transporte y otros factores de distribución segmentan de alguna forma los mercados del petróleo. De hecho, Estados Unidos está pagando actualmente unos $10 menos por barril de petróleo comparado con las naciones europeas y asiáticas. ¿Por qué? Debido al acceso que tiene Estados Unidos al petróleo que se refina de las arenas de petróleo de Canadá. El acceso a estos extensos recursos naturales representa una gran diversificación de nuestro suministro de petróleo. Pero ahora la administración Obama está intentando hacer más difícil que los consumidores americanos consigan petróleo canadiense. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Obama está dándole largas al asunto de aprobar el permiso para el oleoducto Keystone – que va de Canadá a Texas – y aumentaría la cantidad de petróleo en más de un millón de barriles diarios que Estados Unidos recibe de Canadá. Y no se trata del único petróleo que la administración Obama está intentando dejar fuera del alcance de los consumidores americanos.

En el litoral, Departamento de Interior de Obama ha bloqueado el acceso a diecinueve mil millones barriles de petróleo en las costas pacíficas, atlánticas y al este del Golfo de México – y otros diez mil millones barriles estimados en el Mar de Chukotsk en la costa de Alaska.

En tierra, el alquiler federal con opción a compra de exploración de petróleo y gas en la zona oeste de Estados Unidos ha caído perceptiblemente en los últimos dos años. Según los datos reunidos por Western Energy Alliance, la Oficina de Administración de Tierras (BLM) ofreció un 79% menos de alquileres para la explotación de petróleo y gas natural en Colorado, Montana, Nuevo México, Dakota del Norte, Utah y Wyoming en el año 2010 comparado desde 2005. Y también tenemos la Reserva Natural Nacional del Ártico donde se estima que hay unos diez mil millones de barriles de petróleo debajo de unos cuantos miles de acres a los que se puede acceder con mínimas consecuencias para el medio ambiente.

Permitir que los americanos exploten estos recursos podía servir para producir fácilmente al menos un millón de nuevos barriles de petróleo al día. El Centro de Análisis de Datos de la Fundación Heritage estima que, si Estados Unidos lograse aumentar su producción doméstica de petróleo en un millón de barriles al día, crearía 128,000 trabajos extras y generaría $7.7 mil millones en actividad económica.

Si las políticas energéticas existentes ya son malas, las del presidente Obama son incluso peores. Hoy, el presidente se reunió con el presidente del Comité del Senado para Energía y Recursos Naturales, Jeff Bingaman (D-NM), para tramar la aprobación de un proyecto de ley que busca un estándar de energía limpia (CES). El CES es una política más pro sistema de canje, como la de ponerle un impuesto a la energía, excepto que es peor. Un CES obligaría a todos los proveedores de electricidad que generasen un cierto porcentaje de energía que no proviniera de hidrocarburos. Al igual que el sistema de canje, esta política es en la práctica otro impuesto más que hará más caro para todos el precio de la electricidad. Es irónico pero eso haría que operar vehículos eléctricos fuese aún más caro, pero estamos seguros de que la administración Obama ofrecería otra ronda de subsidios financiados por los contribuyentes para arreglar ese problema.

Las decisiones del gobierno que prohíben el desarrollo de energía económicamente factible mientras que al mismo tiempo subvencionan energías económicamente insostenibles solo consiguen elevar los costos energéticos en vez de bajarlos. Lo que la economía de Estados Unidos realmente necesita es un planteamiento de mercado para la energía, uno que incluya: (1) una verdadera reforma de la energía nuclear, no más garantías de préstamo; (2) regulación fiable y sensata para el carbón; (3) menos regulación para las energías renovables; (4)declarar el fin de todos los subsidios a la energía; y (5) poner límites de sentido común a la litigación medioambiental. El Congreso no debería permitir que se usen los disturbios en Oriente Medio para obligar a sus miembros a aprobar políticas energéticas que solamente encarecería mucho más toda nuestra energía.

Más prohibiciones impidiendo el desarrollo de la energía, más subsidios para tecnologías económicamente por demostrar y nuevos mandatos alternativos y caros para la producción energética no son la respuesta. América necesita un verdadero mercado libre de la energía – y lo necesitamos ahora.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org

Posted in Economía, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión