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Obamacare sigue siendo tremendamente impopular con el pueblo americano. Según la última encuesta de la Kaiser Family Foundation, sólo el 14% de los ciudadanos cree que la ley los beneficia, comparado con un 17% que dicen que la ley ya los ha perjudicado.
Sólo un 28% de americanos cree que Obamacare ayudará a la economía nacional, comparado con un 45% que cree que la empeorará. En conjunto, un 48% de ciudadanos se oponen a Obamacare y sólo el 43% la apoya. Algunas disposiciones de la ley, como el mandato individual, son especialmente impopulares, con un 67% de ciudadanos que prefieren su derogación.
El presidente Barack Obama sabe bien todo esto y por eso dijo ayer en la Casa Blanca ante la visita de la Asociación Nacional de Gobernadores que respalda la idea de cambiar la fecha en la que los estados pueden empezar a solicitar dispensas para algunos de los mandatos de Obamacare desde 2014 a 2017. Más concretamente, el presidente estaba apoyando la legislación que proponen los senadores Ron Wyden (D–OR) y Scott Brown (R–MA) al decir: “Les dará flexibilidad más rápidamente a la vez que se garantiza al pueblo americano que haya reforma”. El presidente Obama está medio en lo cierto, al menos. La propuesta Wyden–Brown daría a los estados alguna flexibilidad —pero la justa sólo para que el gobierno se apodere del control del sistema de salud más rápidamente.
Stuart Butler, director del Centro de Innovación de Política de la Fundación Heritage lo explicaba en el New England Journal of Medicine:
Un [problema] es que [la propuesta Wyden-Brown] sigue comprometiendo a los estados a garantizar un generoso y caro nivel de beneficios sociales. Cierto es que un estado puede proponer requisitos distintos para los beneficios sociales si tienen el mismo valor actuarial que los de [la ley de salud]. Pero los requisitos van mucho más allá de la cobertura básica y el titular del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) es quien define beneficios “al menos como integrales”…
Otro gran problema con esta propuesta de ley es que, dado que la autoridad final para conceder dispensas recae en el titular del Departamento de Salud y Servicios Humanos, las excepciones que conceda probablemente reflejarán las preferencias de la administración. El senador Wyden alega que su propuesta permitiría a los estados conservadores salirse de muchas de las [disposiciones legales de la propuesta de ley] e implementar cobertura dictada por el consumidor. Pero admite que es el titular del Departamento, y no el estado, quien tiene la última palabra sobre lo que es permisible.
En esencia, Wyden–Brown es simplemente un medio para dar a estados fuertemente progresistas el poder de instituir más rápidamente la toma gubernamental del control del sistema de salud mediante el plan de pagador único. La web Politico lo confirmó más tarde ese mismo día cuando reveló lo hablado en una conferencia telefónica de la Casa Blanca con sus aliados progres:
Las asesoras de Salud Nancy-Ann DeParle y Stephanie Cutter recalcaron en la llamada telefónica extraoficial que el cambio de normas permitiría a los estados implementar planes de salud de pagador único —como Vermont quiere hacer— y verdaderos planes gubernamentales de salud como Sustinet en Connecticut.
La fuente de la llamada resumió el asunto tratado con las asesoras — y que no es lo que la adminsitración ha expresado públicamente— como que hay que usar el término “flexibildad” como una oportunidad para enfoques más progresistas, nunca menos expansivos, a nivel estatal.
“Están tratando de dividir salomónicamente al bebé: por un lado dicen a sus partidarios que esto es bueno porque favorece sus asuntos preferidos y por otro lado está el mensaje al público en general de que [el presidente] responde a lo que oye y que está siendo razonable”, según especifica la fuente vía correo electrónico.
Pues eso es exactamente lo que está sucediendo aquí. El presidente sabe que su logro emblemático, Obamacare, es fundamentalmente impopular entre los americanos. Por tanto, está tratando de parecer “flexible” en este asunto, cuando en realidad lo que está haciendo es facilitar a sus aliados progresistas la ampliación del alcance del gobierno con mayor celeridad. Los conservadores no pueden permitir que el presidente se salga con la suya usando este engaño. Este suceso solamente sirve para demostrar una vez más que sólo hay un camino para una verdadera reforma del sistema de salud y que ese camino empieza con la total derogación de Obamacare.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org










