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  • Obama y el embargo de fondos

    En la Avenida Pensilvania, casi al final, vivía un presidente que quería gastar.

    Él sabía que el gasto significaba poder, así que lo que más quería hacer era idear más gastos desde la torre de Washington que era su vergel.

    “Sin límites gastaré! ¡Sin sentirme culpable gastaré! Subir los impuestos para pagar mi gasto sé que es un truco que fácilmente les encanasto”.

    Sin embargo, al otro extremo de la calle, había una Cámara de Representantes llena de gente más ahorradora que tenía un presupuesto que aprobar o el país se hundiría. “No podemos estar todo el día gastando, ¡hay facturas por pagar! Mantengámonos alejados de los déficits y de los altos impuestos”.

    Pero el Senado que estaba al lado de la Cámara simplemente lo rechazó.

    “No nos gusta su presupuesto. Y tenemos malas noticias: el presidente dice que podemos gastar todo lo que queramos y simplemente subiremos los impuestos siempre que así lo decidamos”.

    De modo que gastaron y gastaron y pidieron prestado un poco más. Y cuando todo ese dinero se gastó, siguieron gastando igual que antes, pero claro, pidiendo más prestado como antes.

    Pero no todo mundo pensaba que el gasto era algo bueno. En la Cámara y el Senado, algunos de los gastadores se lo pensaron dos veces. “Reduciremos el gasto. Tenemos un mal presentimiento…” y justo entonces ¡ZAS!, tal y como estaba previsto, chocaron con el límite de la deuda “que no era más que otro problemático elemento”.

    Entonces, la oficina del presidente, al tener que enfrentarse con el déficit, dijo: “Si recortes es lo que se les antoja, recortes más congoja es lo que tendrán. Los asustaremos con recortes que NADIE aceptará y les mostraremos que recortes es algo que el pueblo no apreciará”.

    “Esto hará que el Congreso se mueva, simplemente presentaremos una prueba…amplios recortes al azar y los llamaremos ‘embargo de fondos’ y después de ello, nos quedaremos muy orondos”.

    El Senado e incluso la Cámara dijeron: “¡De acuerdo! Eso nos motivará para encontrar el buen camino. Nos las ingeniaremos para mantener a raya esos recortes, pues tendríamos que estar tocados si permitimos un hecho de semejante porte”.

    De modo que se estableció una fecha límite, pero el gasto siguió. Pronto pasó un año y casi dos. La Cámara aprobó un presupuesto, pero el Senado dijo que no. Mientras tanto desde su torre, el presidente disfrutaba a pierna suelta del despiporre.

    “¡Gasten más! ¡Gasten más rápido! ¡Que crezcan los afiliados al Estado del Bienestar! ¡Pronto, el amor por el gasto será entre todos popular! Y las encuestas nos servirán para ello avalar”. Incluso subieron los impuestos, pero no fue suficiente porque los niveles de gasto crecieron rápidísimo y y al final todo mundo se quedó molestísimo.

    “No os preocupéis por el embargo de fondos”, le dijo al Congreso. “Dijísteis que lo arreglaríais y estoy seguro de que lo haréis”.

    Pero no se pudieron poner de acuerdo en la forma de recortar el gasto y antes de que se dieran cuenta, tenían encima el embargo de fondos.

    “¡Oh, no!, gritaron todos. “¡No podemos dejar que se hagan efectivos estos recortes!”.

    Y entonces el presidente les dijo: “¿QUIÉN pensó en este terrible plan?”.

    Ya nadie se acordaba a estas alturas que tamaño drama llevaba el nombre de Obama. El plan era todo suyo, pero a fin de cuentas ¿¡quién quiere reconocer la autoría de semejante chanchullo!?  El presidente los distrajo con su cantinela del recorte del gasto. Y ahora volvía para salvarlos del peligro y para hacer que se olvidaran de todo, excepto de su encanto.

    Así que el presidente les dijo con un destello en los ojos:

    “Tratastéis de recortar el gasto. Vi como lo intentastéis, pero es que simplemente es demasiado doloroso y desde el principio, me deberías haber escuchado.

    “Pero no os desepereís. Os salvaré a todos de las hachas de los recortadores del gasto. Ya veréis que la solución es simplemente subir los impuestos”.

    ***

    Aún no sabemos cómo terminará esta historia. ¿Subirá el Congreso los impuestos y continuará gastando? Aunque lo que necesitamos es un presupuesto balanceado con unos recortes más inteligentes, pues harán falta agallas para reformar los derechos a beneficios.

    Dejemos que el presidente sepa que hemos descubierto su plan. Comparta esta historia con tantas personas como pueda.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Campana de Heritage, Congreso, Economía, Elecciones EE.UU. 2012, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Libertad económica, Opinión
     
    • Emma Cruz

      Yo creo que lo primero es hacer un presupuesto al gobierno y limitarle los gastos, limitar tantas vacaciones pagadas por los contribuyentes, limitar el despilfarro que hacen todos los politicos y sin ecepcion, ahi tenemos al alcalde Jimenez con tres o mas vice-alcaldes o ayudantes del alcalde con una exageracion de salarios y el pueblo que los voto pasando hambre. Otra anormalidad no hay trabajos para los ciudadanos del condado a!! pero cada vez que nos inventan una construccion le dan los contratos a companias constructoras de otros lugares fuera de aqui. Ahi  tienen en Deiland tremenda construccion y con companias foraneas, es mas yo vi porque estaba en la parada cuando empezaron a llegar las casas moviles donde estan parando los empleados de la construccion y nadie dice nada, es un insulto a la inteligencia de los residentes de este condado o es que creen que somos mongos todos, los habra pero no todos somos iguales