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Obama y su peligrosa estrategia con el límite de la deuda


 

El presidente Obama empezó la semana con una hosca conferencia de prensa el viernes en la noche donde advirtió de las drásticas consecuencias que tendría no subir el límite de la deuda, el desastre que causaría en los mercados financieros y las repercusiones desastrosas para los pobres y la clase media. Ese atemorizante mensaje se repitió todo el fin de semana para terminar esta mañana con el pronunciamiento de un alto cargo de la Casa Blanca de que hay un 50% de posibilidades de que el enfrentamiento que hay en Washington sobre la deuda no se resuelva antes de la fecha límite del 2 de agosto.

Pero no es miedo por sí mismo y nada más. La Casa Blanca está empleando la misma cínica e irresponsable estrategia política para forzar al nuevo Congreso que empezó a usar en enero con Wall Street de contrapunto.

Esta mañana, la Radio Nacional Pública NPR —como siempre y nada sorprendentemente— reflejaba muy bien el espíritu de la Casa Blanca de Obama. Cokie Roberts, comentarista de larga trayectoria, dijo:

[H]ay un cierto compás de espera en los mercados para intervenir y le muestren al Congreso que esto tienen que tomárselo en serio… Ud. ve a la administración casi como . . . casi desafiando a los mercados a responder, diciendo ayer que el Congreso tenía que actuar ayer antes de las 4 pm ya que los mercados asiáticos abrían.

Cuán cierto e irresponsable. La administración Obama se pasó todo el fin de semana intentando influenciar con sus palabras en los mercados con la esperanza de poder usar para propósitos políticos cualquier desplome  artificial.

No importa que la seguridad financiera de millones de americanos y otros resulte perjudicada en el proceso. La administración necesita lo que ya ha denominado “el desplome Boehner” —en referencia al presidente republicano de la Cámara de Representantes John Boehner— para tratar de salirse con la suya en las negociaciones del límite de la deuda.

Otros periodistas también han notado el intento de algunos cargos de la administración, incluyendo al secretario del Tesoro Timothy Geithner, para poner más nerviosos de lo que ya están a los mercados. El veterano periodista financiero Charles Gasparino expresó abiertamente su frustración en el programa This Week with Christiane Amanpour de la cadena ABC diciendo que “es una irresponsabilidad que Geithner salga hablando de impago. Si le preocupan los mercados asiáticos esta noche, ¿por qué menciona la suspensión de pagos? No vamos a dejar de pagar. Tenemos dinero contante y sonante para pagar a los acreedores”.

Pero ese es el juego político que está jugando la Casa Blanca — y es peligroso. El asesor de inversiones James Rickards escribió en la sección Playbook de la web Politico: “Geithner y Obama son unos insensatos al intentar ‘meter miedo” a los mercados con el asunto del límite de la deuda. Los mercados ya están asustados. Los mercados buscan sentir seguridad y un diálogo más maduro”.

En vez de eso, tenemos al presidente y su legión de partidarios frenéticamente en pos de poder amenazar a los mercados para conseguir sus fines políticos.

Pero en medio de toda la manipulación, ha habido algunos momentos de franca honestidad, aunque accidental. Ayer, el vicesecretario de prensa de la Casa Blanca, Dan Pfeiffer, admitía en Twitter que probablemente el presidente Obama firmará cualquier acuerdo que el Congreso le remita. Rory Cooper, de Heritage, escribe:

Esta revelación aparece en un intercambio con Stephen Gutowski, el bloguero conocido como The College Politico. Gutowski preguntó a Pfeiffer: ‘¿Ve Ud. un escenario en que la Cámara y el Senado aprueban un acuerdo pero que el presidente no lo firme? y Pfeiffer respondió: ‘No, porque solo algo que tenga apoyo de republicanos y demócratas puede ser aprobado en ambos órganos’.

Con esas palabras, Pfeiffer pone de relieve una verdad que cada vez más quedando más clara. Obama no es el mediador de un gran acuerdo como la Casa Blanca ha intentado pintárnoslo, explica Cooper. En vez de eso, su papel en el debate del límite de la deuda ha estado subordinado a la Cámara y el Senado, dejándolo sin nada salvo amenazas de veto, ultimátums y retórica pensada para forzar una resolución que se ajuste a sus intereses políticos.

Ya que el Congreso tiene la posición dominante, acabar el trabajo depende ellos. Ahora deberían escuchar a la gente para la que trabajan —el pueblo americano— y dar una solución que satisfaga el test de Moody’s y Standard & Poor’s para bajar nuestro ratio de deuda mediante reducciones de gasto, sin aumentos de impuestos y preservando la capacidad de nuestra nación para defenderse.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
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