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Otro mal día para la prohibición de refrescos

Es probable que el alcalde de la Ciudad de Nueva York Michael Bloomberg y otros autonombrados reyes de la nutrición estén muy molestos. La Primera Sección de la División de Apelaciones de la Corte Suprema de Nueva York ratificó de forma unánime la decisión tomada anteriormente por un tribunal de rango inferior de que la prohibición sobre los refrescos de la Ciudad de Nueva York es inconstitucional.

La prohibición

En palabras del tribunal, “La Regla de Limitación de la Cantidad de Bebidas Azucaradas, apodada la ‘Prohibición de los Refrescos’, prohíbe que los restaurantes, cines y algunos otros establecimientos de alimentación de la Ciudad de Nueva York sirvan bebidas azucaradas en envases con una capacidad superior a 0.453 litros”.

Aparte de la grave violación de la libertad individual, la prohibición de los refrescos también elige a quién pierde y quién gana en la industria de la bebida y la alimentación. Por ejemplo, entre quienes ganan se incluyen las bebidas alcohólicas, puesto que no están sujetas a esta prohibición. Sin embargo, entre quienes pierden se incluyen los jugos azucarados, que sí están sujetos a la prohibición.

La prohibición tampoco se aplica a todas las empresas. Por ejemplo, los restaurantes estarían sujetos a la prohibición, mientras que los supermercados quedarían exentos.

Por qué se ha echado por tierra la prohibición

El alcalde Bloomberg quería que su prohibición de los refrescos entrara en vigor incluso si eso significaba eludir al Concejo Municipal de Nueva York. Y eso es exactamente lo que hizo, a pesar de que al menos 14 miembros de ese Concejo solicitaron que se llevara a cabo una votación. Sin embargo, la Comisión de Salud de la Ciudad de Nueva York siguió adelante por su cuenta con la prohibición. El tribunal sostuvo que, al hacerlo, la Comisión actuó fuera de su jurisdicción legal.

En la ciudad de Nueva York, es el Concejo Municipal el que tiene la autoridad legislativa. Sin embargo, la Comisión de Salud, un órgano administrativo, ignoró la autoridad del Concejo Municipal y, de hecho, tomó sus propias medidas legislativas. El tribunal halló que la Comisión no estaba tomando sólo decisiones de salud pública, sino que también estaba tomando sus propias decisiones de normativa pública, anteponiendo así otros intereses a las cuestiones de salud pública:

Dicho mecanismo [la prohibición de los refrescos] va necesariamente más allá de las preocupaciones por la salud, en tanto en cuanto manipula las opciones para tratar de cambiar las normas de consumo…

En lugar de ofrecer información y dejar que el consumidor decida, la decisión de la Comisión se basa efectivamente en la idea de la economía del comportamiento de que los consumidores se ven impulsados a un mejor comportamiento cuando ciertas opciones se hacen menos convenientes. Por ejemplo, la regulación hace que la opción de beber refrescos sea más cara, pues cuesta más comprar dos bebidas de 0.453 litros que una de 0.906. Como resultado de ello, la Comisión necesariamente concluyó que, como cuestión previa, las preocupaciones médicas eran más importantes que el costo de infringir el derecho individual a comprar un producto que la Comisión nunca ha catalogado como inherentemente peligroso.

Una victoria de la libertad, una derrota de la Normativa Alimentaria

El alcalde Bloomberg y la Comisión de Salud tratan de utilizar su poder para cambiar el comportamiento de los consumidores. Con ello se asume que los ciudadanos son ignorantes y que se les debe proteger de sí mismos.

Esto se denomina a menudo como “mentalidad del Estado niñera”, pero en muchos aspectos esa descripción es incluso demasiado amable. Estas medidas no se están tomando necesariamente a causa de una falta de preocupación por parte de quienes no están tomando las medidas “correctas”, sino por una falta de percepción de los perjuicios ocasionados a aquellos que tienen que soportar los costos de atención médica que conllevan estas medidas no deseadas.

En definitiva, todo esto es una cuestión de derechos individuales. Bloomberg, al tratar de poner en marcha la prohibición de los refrescos, viola los derechos individuales, ignorando el hecho de que si hemos de vivir en una sociedad libre, debemos aceptar que ninguno de nosotros tomaremos las mejores opciones en todo momento. Una sociedad no es libre si no podemos elegir cómo queremos vivir nuestra vida o si los políticos y burócratas piensan que pueden imponer sus preferencias respecto al estilo de vida de sus ciudadanos.

Mirando al futuro

Bloomberg ha afirmado que ahora llevará su lucha por la prohibición de refrescos ante el tribunal estatal de mayor jerarquía de Nueva York. Afortunadamente, los tribunales continuarán protegiendo los derechos individuales de los neoyorquinos frente a la equivocada y peligrosa cruzada de su alcalde.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

 

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