Según el informe del Inspector General del Departamento del Tesoro, el IRS no sólo tenía en su punto de mira a las organizaciones del “Tea Party”; sino que perseguía a “grupos centrados en temas como el gasto público, la deuda pública, los impuestos y la educación como formas de ‘hacer de Estados Unidos un lugar mejor para vivir’”. También empezó a fijar su atención en los grupos que criticaban al gobierno o que educaban a los americanos en asuntos como la Constitución o la Carta de Derechos.
Si las autoridades bangladesíes quieren realmente prevenir otra tragedia como la ocurrida en el Rana Plaza, deberían adoptar las libertades de empresa y económica. Mediante unas regulaciones eficientes, Bangladesh podría haber salvado las vidas de algunos de los trabajadores de los talleres textiles de Rana. En cambio, eligió llenar los bolsillos de los burócratas.
A la luz de la brutalidad que se convirtió en práctica habitual en el 3801 de la Avenida Lancaster y de los casos que han aparecido en otros lugares, los responsables políticos se lo deberían pensar dos veces antes de continuar respaldando financieramente una industria que crea y respalda a tipos como al abortista Gosnell.
La confesión de un responsable del Servicio de Impuestos Internos (IRS) reconociendo que la agencia tributaria tenía en su punto de mira a los grupos conservadores del “Tea Party” no supone ninguna sorpresa para quienes trabajan con las organizaciones y líderes del “Tea Party” en el ámbito de las bases conservadoras.



