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Poniendo en evidencia el mito obamita del empleo

03 / 11 / 2011

 

 

 

Imagine un tren de alta velocidad avanzando por cientos de millas de refulgentes vías férreas en la soleada California, conectando Anaheim con San Francisco. Es el sueño del tren bala y el ejemplo perfecto del más reciente plan de Barack Obama para crear empleo en Estados Unidos. El problema es que este sueño está lejos de la realidad.

El Los Angeles Times informaba esta semana de que se espera que el tren de alta velocidad —financiado en parte por $3 millones en subsidios federales del estímulo del presidente Obama— ahora cueste $98,000 millones, el doble de lo esperado, y que se tomará 13 años más para completarse, extendiendo así el proyecto hasta 2033. Quedan por responder preguntas como de dónde vendrá la financiación, si el proyecto es viable y si el número esperado de pasajeros siquiera se materializará.

Pero proyectos como estos son fundamentales para el plan de empleo del presidente Obama. Hablando ayer desde Georgetown Waterfront Park en Washington, D.C., Obama declaró que su plan pondrá “cientos de miles de trabajadores de la construcción de vuelta al trabajo para reconstruir nuestras carreteras, nuestros aeropuertos, nuestros puentes y nuestros sistemas de tránsito”. Y esto es, por supuesto, todo a expensas de los contribuyentes americanos.

Alguna vez el presidente los denominó “proyectos de rápida implementación”, queriendo decir que tan pronto como llegase el dinero del gobierno federal, los trabajadores podrían estar en el trabajo. Lo hizo sonar tan simple como prender la luz, pero desafortunadamente, no funcionó como estaba previsto. A pesar del paquete de $787,000 millones de estímulo, la economía continúa languideciendo con 14 millones sin trabajo y un índice de desempleo del 9.1%. El presidente bromeó: “Lo de rápida implementación no era de tan rápida implementación como esperábamos”. Aunque ayer no usó la frase “de rápida implementación” en sus comentarios, la implicación está aún ahí: Si el Congreso aprueba su plan de empleo, arguyó, todos los trabajadores de la construcción sentados y en espera volverán al trabajo al día siguiente.

Pero las cosas no funcionan así en el mundo real. Associated Press y el Servicio de Investigaciones del Congreso (CRS) muestran que el gasto en infraestructura no crea empleos y, de hecho, puede incluso tener un efecto negativo. Patrick Knudsen, de Heritage, lo explica:

 

Construir y reparar carreteras y puentes ni crea crecimiento neto del empleo ni impulsa la economía a corto plazo.

Primero, aumentar el gasto gubernamental en estos proyectos simplemente mueve recursos de un lugar a otro — puede emplear a trabajadores de la construcción, pero sólo reduciendo los empleos en otros sectores. Además, el dinero nunca sale por la puerta lo suficientemente pronto como para promover el crecimiento del empleo a corto plazo.

 

Y luego está el erróneo argumento del presidente: Ya que otros lo están haciendo, también Estados Unidos debe hacerlo. “¿Cómo vamos a sentarnos a ver a China y Europa construir los mejores puentes, ferrocarriles de alta velocidad y luminosos nuevos aeropuertos y nosotros sin hacer nada?, se pregunta el mandatario. No es una nueva línea argumental del presidente y deja al margen algunos datos importantes.

Si nos remontamos a la campaña presidencial de 2008, allí Obama habló de la necesidad de “invertir” en infraestructura para ser competitivos con China y similares. En aquel tiempo, Jim Geraghty informó en National Review Online de que aunque Obama ponía a China en un pedestal, él pasa completamente por alto algunos de los serios problemas del transporte público en China — a saber, las noticias de los graves cortes de electricidad que afectan a las exportaciones del país, un caso en que 500,000 pasajeros de tren quedaron inmovilizados durante días y estallidos de violencia cuando unos viajeros de avión se quedaron en tierra sin acomodo alguno. Y esto sin mencionar las condiciones de trabajo bajo las que China construye su infraestructura.

Mientras tanto, Europa, que subsidia muchísimo sus sistemas de trenes de pasajeros, recibe pobres utilidades por su inversión. Ron Utt, de Heritage, explica que a pesar de gastar masivamente, los pasajeros están optando por sistemas más eficientes de transporte aéreo:

 

En Europa en su conjunto (EU-27), el ferrocarril supuso solo el 6.1% de los viajes de pasajeros en 2007, incluyendo los viajes por aire y mar. Los autobuses supusieron el 8.3% del mercado y el tráfico aéreo el 8.8%. A pesar de la gigantesca inversión de Europa en el ferrocarril de pasajeros, su cuota de mercado declinó del 6.6& en 1995 al 6.1% en 2007. En el mismo periodo, el tráfico aéreo de pasajeros aumentó del 6.3% al 8.8%. Al ofrecer servicio más rápido y precios competitivos, [el servicio aéreo] le quitó pasajeros a ferrocarriles, autobuses y autos.

 

Pero si escucha al presidente Obama contar la historia, la clave para el futuro —y para crear nuevos empleos— es construir infraestructuras de estilo europeo o chino. Los trabajadores están listos y todo lo que necesitan es el dinero del contribuyente para empezar. Pero esto es algo que intentamos ya una vez con el más reciente estímulo, no funcionó ni va a funcionar tampoco esta vez. El plan de infraestructura de Obama es un tren que no debería partir de la estación, camino a un puente a ninguna parte y empleos será lo último que producirá.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

 

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