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  • Por qué el movimiento conservador y el lobby empresarial no se llevan bien

    S&PIncluso antes de que el demócrata Terry McAuliffe derrotara por un estrecho margen al republicano Ken Cuccinelli en las elecciones a gobernador de Virginia, los cabilderos que representan a la comunidad empresarial ya se estaban pensando su relación con el Partido Republicano y planeando cómo oponerse al representante conservador en las primarias del año que viene.

    Su objetivo: sustituir a los conservadores de principios por candidatos que actúen en mayor medida como protectores de los intereses de las grandes empresas. Como expuso el presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Tom Donohue, su grupo se involucrará en las elecciones primarias para presentar un “Partido Republicano más gobernable”.

    Que es por lo que el Comité Senatorial Republicano Nacional, que dice que está estrictamente por el “afán de victoria”, está amenazando con una mayor intervención electoral. “No hay reglas”, comentó el director ejecutivo del NRSC, Rob Collins. “El camino para conseguir un candidato a las elecciones generales que pueda ganar es lo único que nos preocupa”.

    Ciertamente, este cambio sorprenderá a quienes ingenuamente creían que el movimiento de base del “Tea Party” era una creación de las grandes empresas. Sin embargo, la creencia de que “el Tea Party es un grupo tapadera de Wall Street” ha sido habitual  entre la izquierda durante años.

    Cuando el “Tea Party” surgió por primera vez en 2009, el fenómeno dejó tan atónitos a los progresistas que la única explicación que pudieron encontrar fue la de la conspiración: estos grupos deben de estar comprados y a sueldo de los malvados capitalistas. “No se trata realmente de un movimiento de las bases”, proclamó la vocera de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi. “Se trata de un movimiento de bases artificial, impulsado por algunas de las personas más acaudaladas de Estados Unidos y con el objetivo de centrar la atención en las rebajas fiscales para los ricos en lugar de que sea para la gran clase media”.

    No obstante, en el mundo real, las tradicionales élites empresariales siempre han visto a los conservadores con algo de inquietud. Y ahora sus cabilderos se están preparando para una guerra contra aquellos que defienden principios como el gobierno limitado, la libre empresa y la libertad individual. Y los progresistas los están animando a ello.

    Esta posible alianza entre contrabandistas y baptistas podría llegar a ser una poderosa combinación: podría dejar a nuestra economía incluso más enferma, debilitando la innovación, la creación de empleo y los niveles de vida. ¿Y todo para qué? Para un crecimiento anémico del PIB a largo plazo, unos objetivos de beneficios predecibles y para que todo siga igual en Washington.

    Estados Unidos ya está en riesgo de quedarse rezagado como país innovador y creador de empleo, pero no por culpa de las ideas políticas conservadoras o de los activistas del “Tea Party”, sino por culpa de la creciente influencia de las empresas que cabildean en el Congreso con el fin de consolidar sus posiciones tradicionales a costa de la competitividad del libre mercado.

    Cabildear es una actividad protegida constitucionalmente. Todos los americanos tienen derecho a pretender un desagravio. Sin embargo, para balancear la influencia desmedida de aquellos intereses empresariales que buscan conservar sus posiciones de mercado en los pasillos del Congreso, también necesitamos ciudadanos que defiendan el bien común, el tipo de democracia directa gracias a Internet que representa el “Tea Party”.

    Para conseguir poner a Estados Unidos otra vez en el camino del crecimiento económico fuerte y sostenido, debemos romper el control absoluto que los intereses empresariales tradicionales tienen sobre la labor política de Washington. Se trata de algo que a muchos conservadores y miembros del “Tea Party” les gustaría ver; y el modo de conseguirlo es volviendo al libre mercado basado en la competitividad, la innovación y el precio de los productos.

    La economía americana florecerá en un entorno que fomente la libre empresa, el carácter emprendedor y la competitividad del mercado. Todas las empresas, incluidas las que tienen una influencia desmedida en Washington, deberían unirse en torno a las ideas políticas conservadoras con el fin de restablecer una fuerte competitividad dentro del libre mercado. Esto no sólo enriquecerá a Estados Unidos, sino que, a largo plazo, aumentará el valor para los accionistas de aquellas empresas que hagan el mejor trabajo satisfaciendo las necesidades de los verdaderos consumidores dentro de un verdadero mercado.

    Los conservadores están preparados para redoblar su guerra contra el gasto público descontrolado y el asistencialismo corporativo. Todos los americanos, incluidos los empresarios, se deberían unir a la batalla. Un Partido Republicano “más gobernable”, a manos de ciertos intereses particulares, no encaja con la visión de un gran futuro; es el principio del fin.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Destacables, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Iniciativa y Libre Mercado, Libertad económica, Opinión, Sociedad civil