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  • ¿Por qué ese miedo al excepcionalismo americano?

    BanderaHablar del excepcionalismo americano enfurece a algunos progresistas.

    Por ejemplo, el tema llevó a Oliver Stone y al profesor de la Universidad Americana, Peter Kuznick, a escribir un artículo en el periódico USA Today en el que decían que en Washington debería haber un muro con “los nombres de todos los vietnamitas, camboyanos, laosianos y las personas del resto de países que murieron [en la Guerra de Vietnam]”. Eso, indicaron, sería “un monumento conmemorativo acorde con todas las víctimas del ‘excepcionalismo americano’, un lápida para uno de los mitos americanos más peligrosos”.

    La Fundación New America, de Michael Lind, en un artículo de 2011 titulado The Case Against ‘American Exceptionalism’, desdeñó la idea tildándola de “divertida, si no fuera por su peligrosidad”. Los “excepcionalistas” americanos, argumentaba, son bobos ignorantes y pretenciosos “que no se permiten ver más allá de [sus] fronteras, para aprender de los éxitos y errores de las personas de otros países”. “Blanden” El Federalista como si fuera la Biblia, tratando de “deducir qué podrían haber dicho Hamilton, Madison y Jay acerca de los índices de reembolso de los médicos”.

    Ay, Sr. Lind, rellene bien ese hombre de paja antes de noquearlo.

    Lind and Stone no lo captan. El excepcionalismo americano no tiene que ver con analfabetos nostálgicos clamando contra los extranjeros. Thomas Jefferson creía firmemente que los americanos tenían un destino excepcional. Toda su cosmovisión estaba moldeada por la filosofía europea. De hecho, tomó sus ideas de un filósofo de la ley natural, el suizo Emmerich de Vattel, para redactar la Declaración de Independencia, además de ser un gran admirador del filósofo francés Voltaire. ¿Es Jefferson un pueblerino ignorante por creer en el excepcionalismo americano?

    Aquellos que creen en el excepcionalismo americano no rechazan a los extranjeros. Reconocen algo que es único en nuestra historia: una confluencia característica de cultura, gobierno y economía, así como una ética de responsabilidad personal que apaciguó el lado salvaje de la economía y atemperó las tendencias potencialmente anárquicas de la gente libre. Eso, no la acción del gobierno, dio pie al surgimiento de la nación más rica y poderosa de la Tierra.

    Algunos pueden pensar que este país es mejor que otros, pero ese no es el principio central del excepcionalismo americano. Es que nuestras diferencias, especialmente respecto a Europa, explican nuestros éxitos.

    Cada vez que un inmigrante viene para vivir el Sueño Americano, se confirma esta verdad. Los inmigrantes creen que Estados Unidos es definitivamente distinto a los países que dejaron atrás, incluso aunque los intelectuales americanos no lo crean así.

    También se confirma por el singular rol que Estados Unidos ha desempeñado desde la Segunda Guerra Mundial. Ha soportado la mayor parte de la carga militar en defensa de la alianza de naciones libres que mantuvo a raya a la Unión Soviética. Nuestros aliados confiaron en Estados Unidos porque sabían que Estados Unidos era distinto comparado con otras potencias victoriosas en la guerra: era un liberador, no un conquistador.

    Si ésa no es una historia excepcional, entonces no sé cuál otra podría serlo.

    Si esto fuera resultado de simples imaginaciones febriles de unos cuantos intelectuales, no habría necesidad de preocuparse. Pero la campaña contra el americanismo tradicional ha llegado hasta las filas de las fuerzas armadas de Estados Unidos. La revista Military Review ofreció recientemente un artículo firmado por tres oficiales jubilados que tildaban de racista la idea del excepcionalismo americano. Y encima la equiparaban con los “procesos psicológicos” del antisemitismo.

    ¿Qué explica esta inquina? Los progresistas han estado librando una guerra intelectual contra el constitucionalismo americano durante más de un siglo. Woodrow Wilson prefería al filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, el que inspiró a Karl Marx, antes que a Jefferson o a Madison. A ese respecto, no hay nada nuevo bajo el sol. Aunque también sea un poco de proyección de su propia arrogancia sobre sus oponentes.

    Pero ahora se les percibe una mayor ansiedad. A pesar de los intentos de culpar de todos los problemas al “Tea Party”, los progresistas americanos sienten que algo no va bien con su proyecto. El Estado del Bienestar está fracasando en Europa. Y aunque están ganando muchas elecciones en Estados Unidos, el que la deuda nacional se haya disparado no presagia nada bueno. En algún momento se tendrá que acabar la fiesta del desenfrenado gasto para cubrir las sucesivas crisis.

    Cuando llegue ese día, los americanos les darán la espalda. Para los intelectuales empapados en el odio a Estados Unidos, ese día constituye una perspectiva aterradora. No sólo significaría admitir lo contrario. Aun más doloroso les resultaría reconocer que puede que los pueblerinos sean más listos de lo que piensan.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Constitucionalismo, Destacables, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Liderazgo para América, Opinión, Pensamiento Político, Política Exterior, Principios Fundacionales
     
    • To you

      Leer el libro titulado:
      Excepcion_al. Cronicas de Papefu.
      Recien publicado. Puede obtenerse en Amazon y otros sitios.

      Nada nuevo acerca de creerse excepcionales.

    • Ronaldo Couret

      Por qué mejor no escriben los nombres de los 7 millones de personas muertas por el hambre en la antigua URSS en Ucrania,los millones de muertos de los campos de trabajo forzado del stalinismo,los millones de crímenes en los paises comunistas solo por pensar diferente y querer vivir en libertad?.Los miles y miles de cubanos ehogados en el Estrecho de la Florida buscando libertad,los asesinados por ordenes de Fidel Castro en las cárceles cubanas,Para ser honesto,el sr,Oliver Stone y el sr.Peter Kuznick son dos personas deshonestas,hipócritas y anti-norteamericanos y la mejor recomendación para ellos es que fueran a vivir a Cuba o un pais comunista y dejen de ser parásitos de el sistema de derechos de este pais.Ni las aceras y calles de este pais alcanzarian para escribir los nombres de las victimas del comunismo internacional y estos dos personajes son cómplices de las barbaries por silenciar esos crímenes.Mejor callen y sean honestos.