Ayer, la la Contraloría General de Estados Unidos (GAO) publicó un informe de 345 páginas que detalla 34 áreas principales de despilfarro del gasto gubernamental que el senador Tom Coburn (R–OK) dice que podría ahorrar al gobierno federal $100 mil millones o más cada año. Los conservadores se lanzaron sobre el informe; la oficina del líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Eric Cantor (R–VA), caracterizó el informe como “la veta madre del despilfarro y los excesos del gobierno que debería mantener al Congreso ocupado por el resto del año”.
Los progres, sin embargo, recibieron las noticias con comedido aplauso y predijeron que nada surgiría del informe. ¿Por qué la izquierda está tan poco interesada en eliminar el gasto derrochador del gobierno? ¿Por qué no pueden los políticos progresistas ponerse de acuerdo para recortar programas que incluso GAO califica como duplicados o ineficaces? La respuesta se puede encontrar en la reacción de la izquierda a dos informes de hace dos semanas, uno de la rescatada Goldman Sachs y el otro del arquitecto del fracasado paquete de estímulo económico, Mark Zandi.
El 23 de febrero, Goldman Sachs publicó un informe que intentaba mostrar que los recortes de la propuesta de presupuestos de la Cámara de Representantes por un total de $61 mil millones para el año fiscal 2011 reducirían el crecimiento hasta un 2% este año. Y para no quedarse atrás, Zandi publicó un informe el 28 de febrero que supuestamente muestra que los mismos recortes de $61 mil millones costarían 700,000 empleos para el año 2012. En claro contraste con su reacción al informe de la GAO sobre el despilfarro, los izquierdistas del Capitolio difundieron ampliamente las conclusiones de estos dos estudios como prueba de que el presupuesto de la Cámara perjudicaría el crecimiento económico.
Pero, a ver, un momento: ¿cómo pueden los estudios de Zandi y Goldman alegar que los propuestos recortes de gasto del presupuesto de la Cámara perjudicarían a la economía si salieron antes del estudio de GAO? ¿Y si todo, o la mitad, o simplemente alguno de los recortes del presupuesto presentado fuesen recortes del derroche detectado? Seguro que estos datos cambiarían el resultado de las modelizaciones computarizadas de Goldman y Zandi, ¿verdad? Claro que no. Los informes Goldman y Zandi tienen una total relación cero con el mundo real.
Ambos informes asumen que todo gasto gubernamental, no importa cuán despilfarrador o superfluo sea, no sólo ayuda a que la economía crezca sino que además lo hace con gran efecto multiplicador. Es exactamente la misma línea de pensamiento que llevó a la administración Obama a decir que su billón de dólares del paquete de estímulo mantendría el desempleo por debajo del 8% cuando en realidad el paro llegó al 10.1%. Brian Riedl, experto de la Fundación Heritage, explica por qué el gasto del gobierno no estimula el crecimiento económico:
El Congreso no tiene una caja fuerte con dinero a la espera de ser repartido. Cada dólar que el Congreso inyecta en la economía primero ha de ser extraído de la economía como impuestos o a través de un prestamo. No se crea un nuevo poder de gasto. Meramente se redistribuye de un grupo de gente a otro.
El Congreso no puede sacar de la nada un nuevo poder de compra. Si financia nuevo gasto con impuestos, está simplemente redistribuyendo un poder existente de compra (a la vez que disminuyen los incentivos para crear ingresos y producto). Si el Congreso pide dinero prestado a inversionistas nacionales, ellos tendrán mucho menos para invertir o gastar en la economía privada. Si se toma prestado de extranjeros, la balanza de pagos se ajustará aumentando en igual medida las importaciones netas, dejando el total de demanda y producto sin cambios. Cada dólar que el Congreso gasta debe venir primero de algún otro sitio.
Los conservadores creen que el gobierno federal debe tener poderes limitados y, más allá de proveer la defensa común y garantizar el cumplimiento de los contratos, debería mantenerse fuera de los asuntos económicos tanto como sea posible. Los conservadores creen que la mayor parte del gasto federal es dudosa y debería recortarse si no demuestra ser eficaz — como el programa de la Oficina de Servicios Policiales Orientados hacia la Comunidad (COPS), el Fondo de Asistencia a Bomberos (AFG) de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) y el programa educativo Head Start. Los progresistas, por otro lado, ven al gobierno federal como un enorme programa de empleo, de forma que cualquier recorte a un programa federal, no importa cuán ineficaz o derrochador, es un daño para la economía. Si alguna vez vamos a abordar los verdaderos problemas presupuestarios de nuestra nación — el gasto de los derechos a beneficios como los programas Medicare, Medicaid y el Seguro Social —, debemos primero derrotar la equivocada idea de que todo recorte del gasto gubernamental es malo para la economía.





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