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  • Principios fundacionales y política exterior


    Una forma habitual de pensar sobre política exterior es que existe en su propio mundo, separada de la política interior o de los principios fundacionales en que se basa una nación. Según esta visión, el trabajo del experto de política exterior es abordar desapasionadamente al mundo tal cual es, sin distinguir entre democracias o dictaduras y formulando políticas solamente mediante la fría consideración del interés nacional.

    La Fundación Heritage no ha aceptado nunca esta forma de pensar. Cree que los principios fundacionales en los que se basa Estados Unidos deben guiar tanto su política exterior como interior. Por supuesto, los principios no dictan políticas precisas y no se manifiestan en la misma forma fuera que dentro. Esto es porque América es una nación de leyes que asigna al gobierno federal poderes amplios pero limitados. El mundo, en contraste, no está gobernado por la ley sino por la fuerza, por tratados, usos y costumbres. Y esa es una razón por la que debemos guiarnos de nuestros principios fundacionales cuando salimos al extranjero: debemos respetar las creencias que nos han moldeado — especialmente si vamos a defender nuestros intereses y valores en un mundo en el que no podemos confiar para defenderlos por nosotros.

    El principio fundamental que guía a los analistas de Heritage cuando toman en consideración asuntos de política exterior o interior es simple: Estados Unidos se fundó sobre el derecho, conferido por Dios, del autogobierno y se basa en el consentimiento de los gobernados expresado a través de elecciones y, en última instancia, la Constitución. Así pues, el gobierno no concede derechos: el pueblo crea el gobierno para proteger sus derechos inalienables. El gobierno de Estados Unidos es legítimamente soberano ya que se cimienta en el consentimiento de los gobernados; es una nación de leyes y protege libertades fundamentales.

    El concepto de soberanía es más antiguo que Estados Unidos: es el fundamento del sistema internacional de estados. Pero los analistas de Heritage se toman la soberanía de forma particularmente seria. En el reino de la política exterior, la soberanía es importante por dos razones. Primero, porque es una expresión de nuestro derecho al autogobierno, significa que los poderes que el pueblo americano ha delegado al gobierno de Estados Unidos no pueden ser nunca legítimamente transferidos, en todo o en parte, a ninguna organización internacional o supranacional.

    Esto no significa que Estados Unidos no pueda celebrar tratados. Por el contrario: los tratados apropiadamente negociados y ratificados son una parte fundamental y respetable de la diplomacia; la conducción de la misma en nombre del pueblo americano es una de las más importantes tareas del gobierno. Pero eso significa que los tratados, ya que son un contrato entre el pueblo americano y otros estados, deben ser escrutados con particular cuidado para asegurar que no estamos transfiriendo poderes o dando nuestra aquiescencia a un acuerdo no comprobable con estados cuya palabra puede no ser confiable.

    La soberanía no le importa solo a Estados Unidos. Dado que es una expresión del derecho al autogobierno, como todos los derechos fundamentales, le pertenece a todos los hombres y mujeres del mundo. El problema en las relaciones internacionales es que muchos estados a nivel mundial deniegan estos derechos a su pueblo y lo reprimen. Bajo principios americanos, estos estados no son legítimamente soberanos ya que no están cumpliendo su propósito. Peor aún, muchas de las instituciones internacionales han aceptado como miembros a estos estados ilegítimamente soberanos y por tanto estas organizaciones se han convertido en sospechosas e incapaces de defender derechos fundamentales.

    Consolidándose, derrotando al nazismo y al comunismo y resistiéndose al islamismo, Estados Unidos ha liderado durante más de doscientos años la construcción de un sistema internacional que pertenece solo a estados legítimamente soberanos. Estados Unidos debe continuar ejerciendo liderazgo a nivel internacional en defensa de esta causa que se encuentra en el núcleo de la política exterior americana. Pero Estados Unidos no puede arreglar los problemas del mundo en un día y todavía debe negociar con regularidad con estados e instituciones internacionales que carecen de legitimidad fundamental.

    Con cuidado, esto puede conseguirse, justo como el presidente Reagan negoció acuerdos sobre control de armas con la Unión Soviética. Pero no debemos nunca tener ilusiones sobre con quién estamos tratando y no deberíamos nunca dejar de recordarnos que, al tratar con estados ilegítimamente soberanos, no estamos haciendo amigos o avanzando en el camino de la paz. Simplemente estamos haciendo lo que creemos es necesario en el mundo, tal como actualmente es, para proteger nuestros valores e intereses.

    La diplomacia es una función enteramente legítima del gobierno. Pero es solo una herramienta, el medio para un fin. No puede funcionar a no ser que esté respaldada por la fuerza. La diplomacia y la fortaleza no son partes de una alternativa: son las dos caras de una misma moneda. Por tanto, los analistas de Heritage se preocupan de asegurar que América provea efectivamente la defensa común y la de sus aliados e intereses así como la protección de su soberanía. Además, la defensa, como primer deber del gobierno, es la última expresión de la soberanía.

    Proveer una defensa efectiva cuesta mucho — incluso si se busca todo tipo de medida de ahorro sabia y correcta — pero ese costo no se debe hacer de mala gana o a medias porque es gracias a nuestras defensas que mantenemos nuestra soberanía contra enemigos externos. Por tanto, los analistas de Heritage se preocupan de asegurar que se mantengan nuestras defensas y que no sean menoscabadas por imprudentes políticas en los ámbitos militar, diplomático o de política doméstica donde el crecimiento sin control del gobierno dañará nuestra economía y reducirá nuestra capacidad de pagar por nuestras defensas.

    En última instancia, creemos que el principio americano de un gobierno poderoso pero limitado que expresa la voluntad del pueblo es el adecuado y que prevalecerá a no ser que nosotros mismos renunciemos a él. Es por eso que creemos que, domésticamente y en el extranjero, debemos hacer honor a este principio y debemos rechazar la falsa creencia de que la política exterior americana puede existir por sí misma en el mundo, desconectada de nuestra política doméstica o de la orgullosa pero prudente expresión de nuestros valores en el exterior. Es por esto que para la Fundación Heritage los principios fundacionales importan tanto en política interior como exterior.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Constitucionalismo, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo para América, Opinión, Pensamiento Político, Política Exterior, Principios Fundacionales, Seguridad