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Progresistas, conservadores y la naturaleza humana

12 / 12 / 2011

 

 

¿Cómo se explica tan apasionado desacuerdo filosófico entre el Movimiento Ocupar Wall Street y el Tea Party? La aparentemente insalvable brecha entre la izquierda y la derecha es quizá más claramente entendida al comprender  sus respectivos conceptos sobre la naturaleza humana.

Según la interpretación de nuestros Fundadores, la naturaleza humana es innata. En palabras de la Declaración de Independencia, los individuos están “dotados por su Creador” con “derechos naturales”, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Más allá de eso, los individuos nacen con facultades y talentos diferentes. El gobierno debería permitir que las personas desarrollen libremente dichas características.

Entonces, ¿cómo hiceron los Fundadores para determinar lo que constituía un “derecho”? Thomas West define el derecho como “un reclamo legítimo que una persona puede hacer contra otra que le privaría de lo que es suyo”. Si tomo la camiseta de mi vecino, mi vecino podrá presentar legítimamente una reclamación contra mí ya que él tiene el derecho de poseer su camiseta.

Lo importante es que cada derecho se corresponde a su vez con un deber equivalente. El derecho individual a la libertad significa que las personas tienen el deber de respetar el derecho de todos los demás a la libertad.

John Dewey, filósofo y pionero del incipiente pensamiento progresista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, puso patas arriba el sentido del anterior concepto de la naturaleza humana. Dewey creía que los talentos individuales –las cosas con las que nacen los seres humanos, según afirman nuestros Fundadores y los conservadores de hoy– son creados por el condicionamiento social. Dewey escribió que la conducta, o los hábitos, “nos son impuestos” y agregó que “los acuerdos sociales… son medios de creación de individuos…. La individualidad en un sentido social y moral es algo que hay que forjar…. No se trata de dones, sino de logros”. En otras palabras, los seres humanos no son nada por sí mismos. La sociedad –el gobierno– debe crear al individuo.

Los filósofos izquierdistas de hoy, como Richard Rorty y Peter Singer, se hacen eco de las palabras de Dewey. Rorty ha escrito que “no existe tal cosa como la naturaleza humana porque los seres humanos se van forjando sobre la marcha”.

Esta línea de pensamiento progresista tiene serias implicaciones. Si las personas no nacen con facultades innatas, si la sociedad las condiciona, como argumentan los progresistas, entonces ¿qué [mecanismo] hay para evitar que los derechos se amplíen a lo que sea que nosotros, como sociedad, determinemos que es necesario para crear esas facultades? Incluso el mismo Dewey hizo esta observación: “El Estado tiene la responsabilidad de crear instituciones en las cuales los individuos puedan hacer realidad las potencialidades que son suyas”. De aquí nace el llamamiento de la izquierda por servicios universales –es decir, proporcionados por el Gobierno– como el seguro médico, la educación, la vivienda, el transporte, el alimento y mucho más.

Esta lectura de los derechos va más allá de los derechos naturales a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad propuestos por los Fundadores. Si yo tengo derecho a la atención médica, significa por definición que alguien tiene la obligación de dármela. No obstante, al obligar a alguien a darme atención médica, le estoy quitando su libertad.

La interpretación personal de la naturaleza humana probablemente determinará si se es progresista o conservador. En un momento en que nuestro país está profundamente dividido, nunca ha sido tan importante entender la diferencia entre el concepto de la naturaleza humana para la izquierda y para la derecha.

 

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

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