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  • Prosigue la lucha por resolver el límite de la deuda

    La pasada noche, la Cámara de Representantes iba a votar el plan del presidente de la Cámara John Boehner (R–OH) para elevar el límite de la deuda mientras se acerca la prevista fecha límite del 2 de agosto. Al no poder recabar suficientes votos para asegurar la aprobación de la propuesta de ley, los republicanos de la Cámara se fueron a casa durante la noche y programaron reunirse de nuevo esta mañana con la esperanza de regresar con suficientes apoyos para su aprobación según informa Politico.com.

    Pero si miramos los entresijos y al margen ya del toma y daca de último minuto para poder votar, queda un problema mucho mayor: incluso si la propuesta Boehner se aprobara y llegara a ser ley, América continuaría su espiral descendente al abismo fiscal del que no se vislumbra el final.

    ¿Por qué será que el Congreso no puede tomarse los asuntos en serio? Una razón es la falta de liderazgo presidencial. A lo largo del debate del límite de la deuda, el presidente Barack Obama ha intentado aparecer como si confrontara decididamente la crisis de gasto de Estados Unidos, haciendo un llamamiento por “sacrificios compartidos” para devolver al país a la cordura fiscal. Sin embargo, el presidente ha sustituido el papel de líder por el de espectador. Mientras la Cámara aprueba propuesta tras propuesta sobre el presupuesto, el presidente solo sabe criticar y el Senado solo sabe bravuconear y agitarse.

    El liderazgo requiere hablar simple y directamente al pueblo americano. En vez de eso, el presidente prefiere palabras en clave para disimular sus intenciones. Para el presidente, “sacrificios compartidos” significa aumentos de impuestos y su fin último es mantener su política de grandes gastos. Después de todo, él ve el gasto gubernamental como la mejor forma de crear  a largo plazo su visiónde la sociedad y la mejor manera de impulsar el crecimiento económico a corto plazo — aunque sus cientos de miles de millones de dólares de gasto en paquetes de estímulo han dejado la economía estancada. El desempleo sigue en el 9.2% y el crecimiento económico está paralizándose. El Wall Street Journal informa esta mañana de que el PIB de Estados Unidos aumentó en el segundo trimestre un 1.3% tras ajustes estacionales (menos de lo esperado por economistas) y que el crecimiento del primer trimestre fue revisado drásticamente a la baja a un 0.4% desde el anterior 1.9%.

    La estrategia del presidente no es sorpresa. Heritage llamó a Obama a abandonar sus políticas fiscales al comienzo de su administración, indicando que estaba siguiendo una estrategia de “sobrealimentar a la bestia”: Aumentando el gasto tanto como fuera posible, desencadenando una crisis y utilizando la crisis para forzar subidas de impuestos. Al menos, Obama se ha comportado como era de esperar.

    Los sacrificios, sin embargo, no son las únicas cosas que le gustaría compartir. Con la nación totalmente centrada ahora en los masivos déficits, el presidente ha intentado pasarle la culpa de los problemas del país no a sus políticas sino a las anteriores administraciones. El presidente, repetidamente, dice que “ningún partido está libre de culpa por las decisiones que han llevado a este problema” y a menudo apunta a la administración de George W. Bush como la raíz de la crisis.

    Simplemente, eso no es cierto. Un solo número lo explica bien: la cifra de déficit presupuestario de 2007, el último año anterior a la recesión. Los recortes de impuestos estaban en pleno vigor, ambas guerras continuaban con furor y la recesión aún no había golpeado, y sin embargo el déficit presupuestario en 2007 fue de $160,000 millones, o cerca de un décimo del déficit de Obama este año. Sin duda, los déficits durante la administración Bush fueron demasiado altos, especialmente en los primeros años, y se podría haber hecho más para frenar el gasto. Pero esos déficits eran pequeños comparados con los que Obama y sus aliados del Congreso han infligido.

    El presupuesto de Obama pondría a América en un peligroso rumbo fiscal que lleva a déficits masivos en el futuro previsible — llegando a $1.2 billones en 2012 y, tras bajar ligeramente, aumentarán hasta $1.2 billones de nuevo en 2021. (Ud. puede ver aquí hacia dónde están encaminados esos déficits.) Incluso tras los masivos aumentos de impuestos incluidos en el presupuesto de Obama, los déficits federales llegan a $9.5 billones. Bajo el presupuesto del presidente, la deuda nacional más que se doblaría en solo 10 años, empujando a América al precipicio fiscal.

    El problema, en breve, es demasiado gasto — no escasez de impuestos. Y el mayor causante de ese gasto son los derechos a beneficios (aunque el estímulo de Obama, ciertamente, no ayudó). Es aterrador, pero esos derechos a beneficios (que incluyen el Seguro Social, Medicare y Medicaid) consumirán todos los ingresos de los impuestos en 2049 si los impuestos siguen en su nivel normal histórico, como muestra el gráfico. E incluso con el presupuesto del presidente para 2012, los derechos a beneficios consumen el 58% del gasto.

     

     

    El desastroso gasto social ha caído al margen del debate del límite de la deuda. El presidente Obama habla grandilocuentemente de que América se una para resolver este problema colectivo pero ignora el problema real a largo plazo, todo ello a la vez que el crecimiento económico se frena y el desempleo sigue alto en la economía Obama. Mientras la Casa Blanca y el Congreso continúan centrándose en una solución para la crisis del límite de la deuda, deberían echarle un vistazo al espejo y ver la causa real del lío fiscal de Estados Unidos.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Campana de Heritage, Economía, Estudios, Gráficos, Impuestos, Liderazgo Americano, Opinión