En un principio, Rusia se abstuvo a la hora de vetar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, dando así luz verde a la Operación “Amanecer de la Odisea” en Libia.
Ahora, sin embargo, Moscú está cambiando de opinión: Rusia ha pedido un alto el fuego inmediato debido a que se está hablando ya de “muchas víctimas civiles”. Es decir que mientras el dictador libio Muamar Gadafi mataba a miles de sus propios compratriotas, todo estaba muy bien, pero ahora que las fuerzas aéreas y navales occidentales y árabes están intentando proteger a los rebeldes, entonces no es aceptable. De hecho, es una lógica extraña. Sin embargo, puede ser el reflejo de fracturas más profundas dentro de la cúpula dirigente y la sociedad de Rusia.
La abstención rusa en el tema de Libia ya ha tenido una repercusión inesperada en la arena política rusa.
El primer ministro Vladimir Putin condenó la resolución que pide “un alto el fuego inmediato en Libia, incluyendo el fin a los actuales ataques contra civiles”, diciendo que esta resolución es “deficiente” y la comparó con una “llamada medieval a las cruzadas” – una cita casi literal de lo que dijo el mismo Gadafi. A raíz de eso, Putin se llevó una rara y brusca reprimenda del presidente Dmitri Medvédev, revelando así el creciente abismo entre Putin y el que alguna vez fuera su protegido.
Medvédev criticó duramente los comentarios de Putin, los tildó de “inaceptables” y reiteró su posición respecto a la resolución de la ONU: “Tenemos que ser absolutamente precisos en nuestras valoraciones. Bajo ninguna circunstancia es aceptable utilizar expresiones que fundamentalmente llevan a un choque de civilizaciones, por ejemplo ‘cruzadas’ y cosas así”. Parece que los desacuerdos sobre la futura dirección de Rusia se están agudizando a medida que se acerca 2012, el año de las elecciones presidenciales. La facción pro statu quo Siloviki (Hombres de fuerza) que apoya a Putin es cada vez más directa en sus ataques contra el ala más liberal y pro occidental, que apoya a Medvédev. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, actualmente de visita en Rusia, fue y se metió derechito en el lío. Gates dijo que los funcionarios rusos repiten las cifras infladas de Gadafi referente a las víctimas y las aceptan sin cuestionarlas.
Gates rechazó las afirmaciones como “puras mentiras”. Dejando de lado que el público ruso está profundamente dividido sobre la guerra libia, jóvenes rusos y grupos nacionalistas como Nashi (Los nuestros) y Stal’ (Acero) están participando en manifestaciones ante las embajadas de Estados Unidos, Francia y Reino Unidos en Moscú para expresar su solidaridad y respaldo al régimen de Gadafi, al parecer en contra de la posición indicada por Medvédev que apoya la intervención occidental contra Gadafi. Es irónico que el “padrino” y fundador de Nashi sea el propio jefe adjunto de la administración del Kremlin, Vladislav Surkov. Sin embargo, en la política rusa, lo extraño a menudo precede a lo absurdo.
Pero Rusia también tiene una motivación económica para protestar por la implicación militar occidental en Libia. Gadafi es uno de los clientes más importantes del complejo militar-industrial ruso ya que les compra armamento. Sergei Chemezov, el jefe de la compañía estatal Russian Technologies (Tecnologías rusas) dijo que el exportador estatal de armamento Rosoboronexport ha perdido unos cuatro mil millones de dólares debido a la situación en Libia.
Si un gobierno pro occidental sustituye al clan de Gadafi, Moscú podría perder estas ventas de forma indefinida y no recuperar la deuda que Libia tiene con Rusia por las armas ya suministradas. Así pues, los malos negocios podrían acabar provocando rencores.





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