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  • QE4: Otra flexibilización cuantitativa es un peligro camino al abismo

     

    La Junta de la Reserva Federal anunció el miércoles la introducción de otra normativa monetaria hiperagresiva más, denominada por algunos como “QE4” por ser la cuarta ronda de flexibilización cuantitativa. ¿A la cuarta irá la vencida? No parece probable.

    Las preocupaciones de la Reserva por la economía están bien fundadas. La economía continúa teniendo problemas debido a las normativas económicas del presidente Obama, caracterizadas por una profunda incertidumbre y un elevado nivel de regulación y además amenaza con empeorar, pues el presidente está jugando a un peligroso juego en el asunto del abismo fiscal.

    En tanto que la inflación siga estando contenida (que lo está) y en tanto que parezca que no hay efectos secundarios desfavorables a largo plazo (¡huy!), es razonable que la Reserva actúe de forma tan agresiva como pueda para tratar de estimular la economía.

    Y de ahí la QE4. Previamente, en la QE3, la Reserva se comprometió a comprar garantías respaldadas con hipotecas por valor de $40,000 millones mensuales y en la Operación Twist se comprometió a intercambiar garantías a corto plazo del Tesoro por garantías a largo plazo. Con su más reciente maniobra, ahora la Reserva también comprará mensualmente $45,000 millones en garantías a largo plazo del Tesoro.

    Además, se ha comprometido a mantener estas normativas al menos hasta que la tasa de desempleo caiga al 6.5% o la inflación suba por encima del 2.5% (según las predicciones más recientes de la Casa Blanca, el desempleo no cae al 6.5% hasta 2015).

    La Reserva ha recurrido a la flexibilización cuantitativa debido a que la política monetaria tradicional que implica el tipo de los Fondos Federales resulta ahora irrelevante. Una vez que el tipo de dichos Fondos cayó prácticamente a cero, cesó la política monetaria tradicional. Fundamentalmente, la flexibilización cuantitativa trata de hacer bajar los tipos de interés a largo plazo como medida opuesta a hacer bajar los tipos a corto plazo, que es el enfoque normativo tradicional.

    Hasta ahí, todo bien. Pero el tipo a diez años del Tesoro se ha mantenido en el 1.7% o por debajo desde principios de verano. Eso es más o menos el mismo nivel que la tasa de inflación del año pasado, lo que sugiere un tipo de interés real cero (ajustado a la inflación). Según los manuales de política monetaria, esto debería ser impresionantemente estimulador para la economía y sin embargo esta continúa languideciendo. Cualquiera que sea el efecto que tengan las nuevas adquisiciones de bonos a largo plazo del Tesoro por parte de la Reserva sobre los tipos de interés (y es probable que el efecto sea muy pequeño), los efectos positivos sobre la economía seguramente serán insignificantes.

    ¿Y cuáles son los riesgos de la QE4? Obviamente, el primer riesgo es que la inflación pueda volver a subir rápidamente. Hay quien argumenta que esto es improbable debido a que hay demasiada distensión en la economía, como se evidencia con la alta tasa de desempleo. Quienes exponen este argumento se hacen eco de una cantinela similar de los años 70. Se equivocaban entonces (el desagradable término de “estanflación” se creó en esa época) y bien podrían demostrar que se equivocan de nuevo. La distensión económica no es ninguna defensa frente a unos impulsos inflacionistas firmes y sostenidos. Afortunadamente, la inflación sigue estando dominada, de momento.

    Un segundo riesgo surge de la sorprendente expansión del balance general de la Reserva desde 2008, que ahora se acelera con la QE4. Algún día la Reserva tendrá que deshacerse de todos los bonos que está comprando. Cuando lo haga, la Reserva hará subir los tipos de interés a largo plazo. Ella misma se está poniendo la soga al cuello.

    Pero ¿se puede hacer eso de forma segura? Por supuesto. Pero nunca se ha hecho antes y tener serias dudas de que se consiga es la única actitud razonable. Las consecuencias del fracaso bien podrían ser el mantener a la economía en un crecimiento por debajo de lo aceptable durante muchos años, mientras que la venta de los bonos de la Reserva eleva artificialmente los tipos de interés a largo plazo.

    En pocas palabras, las preocupaciones de la Reserva acerca de la economía están bien fundadas. Pero nuestros problemas no son monetarios sino de naturaleza fiscal y reguladora. Simplemente, hay tanto que puede hacer una política monetaria sensata y se puede esperar tan poco de una política monetaria radical. En definitiva, los riesgos son sustanciales, las ganancias mínimas.

    Hasta dentro de unos años no sabremos si la QE4 o las normativas que la precedieron habrán merecido la pena. No lo sabremos hasta que la Reserva se vea obligada a relajar todas sus actividades actuales. Entonces y sólo entonces sabremos con seguridad si Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, merece nuestros elogios o nuestro escarnio.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Actualidad, Análisis, Destacables, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Iniciativa y Libre Mercado, Libertad económica, Opinión