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¿Qué es la igualdad de oportunidades?

El columnista del New York Times Paul Krugman se quejaba hace poco por la falta de igualdad de oportunidades en Estados Unidos. Según su opinión, “el gobierno fracasa en su labor de crear igualdad de oportunidades”. Y también se ha indignado porque:

 

“Cuando Ud. oye a los conservadores hablar sobre cómo nuestro objetivo debería ser la igualdad de oportunidades, no la igualdad de resultados, la primera reacción debería ser que si ellos realmente creen en la igualdad de oportunidades, entonces  deben estar a favor de cambios radicales en la sociedad americana”.

 

Eso plantea la pregunta ¿qué es la igualdad de oportunidades? Ciertamente es una idea reivindicada tanto por la derecha como por la izquierda, así que ¿cómo es que la derecha insiste en que la igualdad de oportunidades existe mientras que la izquierda afirma con estridencia que aún está por alcanzarse?

La respuesta tiene que ver con los conceptos divergentes de ambas partes respecto a la igualdad de oportunidades.

Los conservadores mantienen que todos los seres humanos poseen los mismos derechos inherentes y deberían por tanto ser tratados de la misma forma ante la ley. Sin embargo, reconocen que la gente es distinta en muchos otros sentidos: la gente nace en situaciones distintas y con diferentes talentos y habilidades. Pero nadie debería enfrentarse a injerencias o a obstáculos legales por cultivar su talento y laboriosidad.

El gran Frederick Douglass fomentó esta idea de forma elocuente:

 

“Si los hombres nacieran con necesidad de muletas, en lugar de tener piernas, la realidad sería otra. Entonces tendríamos necesidad de ayuda y requeriríamos asistencia externa; pero según el más sabio y mejor plan de la naturaleza, se lleva a cabo mejor nuestra labor no entorpeciendo sino ayudando a nuestros semejantes; o, en otras palabras, el mejor modo de ayudarlos es simplemente dejarlos que se ayuden a sí mismos”.

 

La izquierda ha transformado esta interpretación tradicional de la igualdad de oportunidades en una en la que no es suficiente con que la gente posea los mismos derechos inherentes y que reciba un trato igual ante la ley. Se debe dar a todo el mundo las mismas oportunidades: nadie puede tener más oportunidades que otro. Con esta creencia, cuando uno nace en una ciudad donde algunas personas tienen más oportunidades que otras, el deber del gobierno es ser el equalizador, quitando recursos a los pudientes y dándoselos a los menos pudientes. Como dijo el fundador Nathaniel Chipman, esto atenta doblemente contra la justicia:

 

“Excluir de riquezas y honores a los que se lo merecen y perpetuar cualquiera de ellos a los que no se lo merecen, son acciones igualmente dañinas para los derechos del hombre en sociedad. En ambos casos se trata de contrarrestar las leyes de la naturaleza que, mediante la conexión de causa y efecto, han anexado las recompensas y los castigos apropiados a las acciones de los humanos. La riqueza, o al menos, una competencia, es la recompensa, proporcionada por las leyes de la naturaleza, por la prudente laboriosidad; la privación [es] el castigo por la ociosidad y el libertinaje”.

 

Utilizar el gobierno para igualar grupos contradice la idea de que toda persona es igual ante la ley y posee los mismos derechos: ¿Cómo se pueden dirigir recursos hacia aquellos que no los tienen sin que ello implique que son diferentes ante la ley así como en los derechos que poseen?

Esta visión del mundo por definición no puede ser nunca satisfecha, ya que, a menos que recurramos al socialismo, siempre habrá individuos que posean y gobiernen sobre más recursos que el resto.

Además, la igualdad de oportunidades abarca mucho más que la mera situación económica. Piense en el talento atlético, en la inteligencia o en la ética del trabajo ¿vamos a perjudicar a los atletas de mayor talento, atontar a las personas más inteligentes y refrenar a los que más trabajan?

El debate sobre la igualdad de oportunidades no se sitúa meramente entre la igualdad de oportunidades y la igualdad de resultados. También se trata de lo que significa la igualdad de oportunidades. Para la izquierda, significa que el gobierno debe fabricar un punto de inicio ecualizador en la vida. A menos que recurramos al socialismo, eso es imposible. Incluso en ese caso, un mismo comienzo económico no sería una garantía de las mismas oportunidades, pues eso también requeriría controlar los talentos, habilidades y la ética del trabajo naturales que arranca a distintos niveles. Para la derecha, la igualdad de oportunidades trata de despejar los obstáculos y de eliminar los impedimentos legales para avanzar en la vida. La diferencia explica por qué ambas partes pueden reivindicar el manto de la igualdad de oportunidades aunque coincidan en algunos puntos y no se den cuenta de ello.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

 

Posted in Actualidad, Análisis, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión, Pensamiento Político