Hay muchas cosas por las que estar agradecidos esta semana y también durante este año.
Sí, después de las recientes elecciones de nuestro país, el gobierno omnipresente sigue en el poder aquí en Estados Unidos así como en gran parte de Occidente. Aunque el lenguaje utilizado por los candidatos (por ejemplo, ambos hablaron de reducir el gasto federal y de crear puestos de trabajo) y lo ajustado de la contienda probaron que, al menos en Estados Unidos, el conservadurismo se mantiene como una fuerza poderosa.
Los pensadores conservadores representan una alternativa convincente y con principios a las ideas progresistas. Los políticos de derecha mantuvieron el control de la Cámara de Representantes, donde controlarán todos los proyectos de ley relativos al gasto y podrán hacer presión frente a la expansión del gobierno. Los gobernadores conservadores tendrán el poder en 30 estados y pueden usar sus cargos para frustrar las extralimitaciones del gobierno federal. Por ejemplo, muchos gobernadores ya han anunciado que no establecerán el sistema especializado del seguro médico de Obamacare, lo que ahorrará dinero a sus estados y puede que suponga una sentencia de muerte para todo el proceso de usurpación de poder llevado a cabo por parte del gobierno federal.
Antes que caer en la desesperación, los conservadores deberían usar estas vacaciones para agradecer lo que tenemos, revisar nuestros planes y promover nuestra agenda en 2013.
Pero el acto de dar gracias requiere de alguien o algo a lo que dar las gracias. De modo que también merece la pena observar que el día de Acción de Gracias resalta la importancia de la religión en la vida pública y que el carácter único de nuestra fundación, garantiza que la religión sigue siendo un pilar fundamental de la grandeza de Estados Unidos. El presidente Abraham Lincoln creó la tradición moderna del Día de Acción de Gracias cuando anunció, en 1863, que se celebraría como una fiesta nacional oficial.
Lincoln citó sin remordimientos “los gentiles dones del Altísimo que, aunque se molesta con nosotros por nuestros pecados, a pesar de todo tiene muy presente la misericordia”. Mucho antes de eso, el presidente George Washington denominó al 26 de noviembre de 1789 como el día de acción de gracias dedicado al “servicio de ese gran y glorioso Ser que es el benéfico Autor de todo lo bueno que fue, que es y que será.”
Como todo el mundo sabe, Dios no fue mencionado en la proclamación del año pasado. Y sin embargo, el presidente Obama le ha dado mucha importancia en años anteriores a dar gracias a Dios. “Cuando nos acercamos al final de un año y contemplamos la promesa del siguiente, levantamos nuestros corazones en señal de gratitud a Dios por nuestras muchas bendiciones, por otro año más y por nuestra Nación”, decía su proclamación presidencial del día de Acción de Gracias de 2010.
Algunos seguramente citarán en defensa de Obama a ese “muro de separación entre la iglesia y el estado” que en realidad no existe en la Constitución.
Como argumenta Daniel Dreisbach, esta frase hecha tiene su origen realmente en una carta escrita por el presidente Thomas Jefferson en 1802. En realidad, la Primera Enmienda no tenía como objetivo proteger a la gente de una exposición a la religión. Sólo aspiraba a garantizar que el gobierno federal nunca establecería una iglesia dirigida por el estado, como en el caso de la Iglesia de Inglaterra.
Dreisbach cita el segundo discurso de investidura de Jefferson, cuando el tercer presidente declaró:
En asuntos de religión, he considerado que su libre ejercicio está instituido por la constitución como independiente de los poderes del gobierno general [es decir, federal]. Por tanto, en ningún momento he emprendido la prescripción de los ejercicios religiosos idóneos para este; sino que los he dejado, como estipuló la constitución, bajo la dirección y la disciplina de las autoridades del Estado o de la Iglesia reconocidas por las diversas sociedades religiosas.
Aunque la Primera Enmienda impide que el Congreso establezca una religión o que prohíba su libre ejercicio, los presidentes, así como el Congreso, siempre han reconocido el aprecio de los americanos por las prácticas y las creencias religiosas. El mismo Jefferson respaldó activamente a las instituciones religiosas. Mientras ocupó el cargo, aprobó personalmente programas financiados por el gobierno federal para construir iglesias y respaldar a los misioneros cristianos.
Así que este día de Acción de Gracias, en lugar de repetir nuestras decepciones, centrémonos en las grandes cosas que rodean a nuestra gran nación. El pueblo americano aún está formado por ciudadanos que se autogobiernan. Nuestra Constitución aún es la Constitución más exitosa conocida por el hombre. Las iglesias americanas continúan dándole a la gente un hogar espiritual y, además, salvan vidas con sus buenas obras. Eso se merece que hagamos una pausa para dar las gracias, esta semana y todas las semanas.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.





