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EL PROBLEMA:
Los impuestos deberían recaudar los ingresos para financiar las operaciones necesarias del gobierno de forma que causen el menor daño económico posible. Por consiguiente, el Congreso y el presidente deberían reformar la legislación fiscal existente y retirar sus actuales planes de aumentar los impuestos a los de más altos ingresos, pequeñas empresas, inversionistas y otros que crean empleo. Por buenas razones, ninguna escuela de pensamiento económico defiende el aumento de impuestos durante una recesión o inmediatamente después. Subir ahora los impuestos podría ser imprudente e irresponsable. En su lugar, el Congreso debería centrarse en reformas fiscales que impulsen la creación de empleo y el crecimiento económico.
LOS HECHOS:
- El impuesto sobre sociedades es demasiado alto. Con una tasa combinada de un 40%,, entre federal y estatal, Estados Unidos tiene el segundo mayor impuesto sobre sociedades en el mundo, lo que hace poco atractivo al país a la hora de competir por empresas y empleos.
- El problema con la progresividad. Los que más ganan son el objetivo inmediato para nuevos aumentos de impuestos, pero el sistema impositivo de Estados Unidos ya es altamente progresivo. El 1% de los que más ganan pagó el 40% de todos los impuestos federales sobre los ingresos en 2007 mientras que el 50% de los que menos ingresan pagó solamente el 3%.
- El regreso del impuesto a la muerte. En enero de 2011, el impuesto a la muerte pasa del 0% al 55% con una exención para el primer millón de dólares. Este impuesto desanima el ahorro y la inversión, menoscaba la creación de empleo, ahoga la productividad y el crecimiento de los salarios, se contradice con la promesa principal de la vida americana — la creación de riqueza — y perjudica a aquellos que tienen sus ahorros puestos en terrenos o en otros bienes de difícil liquidez rápida. El impuesto a la muerte es una rémora sobre la economía y solo recauda el 1% de los ingresos federales. Las estimaciones muestran que cuesta a la economía más en crecimiento perdido de lo que consigue como ingresos.
- Los hogares ya pagan más que suficiente. Los hogares americanos están enviando más de sus ingresos a Washington, incluso después de las rebajas de impuestos de los años 2001 y 2003. Para 2008, el hogar promedio pagó $21,616 que está muy por encima del promedio histórico de $16,334.
LAS SOLUCIONES:
- Bloquear los aumentos de impuestos de Obama. El presidente Obama y el Congreso quieren aumentar drásticamente los impuestos lo que ahogaría la anémica recuperación económica y destruiría la creación de empleo. Las actuales tasas impositivas se deben hacer definitivas para todos los individuos, negocios e inversionistas.
- Eliminar permanentemente el impuesto a la muerte. El Congreso debería derogar este impuesto de una vez por todas. La abolición de este dañino impuesto ayudará a promover la recuperación económica, pondrá a americanos desempleados a trabajar e incrementará el potencial de crecimiento a largo plazo para nuestra economía. Lo más importante, la abolición de este impuesto restauraría el Sueño Americano de que si uno trabaja duro y lleva una vida recta, uno le podrá pasar el fruto de su trabajo a las sucesivas generaciones de su familia sin miedo de que el gobierno se lo quite.
- Menor impuesto sobre sociedades. La tasa del impuesto sobre sociedades debería situarse en o por debajo del promedio del 26% de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para eliminar el incentivo de que empresas y empleos dejen el país.
- Cambiar a un sistema fiscal territorial. Estados Unidos es uno de los pocos países que todavía cobra impuestos a las empresas por los ingresos obtenidos en el extranjero. Recaudar impuestos de las empresas solamente por los ingresos obtenidos en el territorio nacional mejoraría nuestra competitividad dentro y fuera, lo que a su vez promovería la creación de empleo.
- Dejar de gravar a las empresas como personas. Los impuestos sobre las pequeñas empresas normalmente se recaudan a altos tipos en la declaración de impuestos de las personas físicas. En vez, los impuestos deberían pagarse a nivel empresarial y los tipos deberían reducirse al 25%, algo que ayudaría a las empresas a crecer y crear empleo.
- Arreglar las reglas de depreciación del capital. Las empresas, habitualmente, deben deducir el costo de las inversiones en nuevas instalaciones y equipos durante varios años. Acortar o eliminar el período de depreciación reduce el sesgo de los impuestos contra la inversión, haciendo que la inversión empresarial mejore al igual que la competitividad y el futuro crecimiento de salarios a través de mayor productividad de los trabajadores.
- Eliminar el impuesto mínimo alternativo (AMT). Este impuesto es un sistema fiscal secundario sin propósito o justificación que amenaza con atrapar a las familias de ingresos medios. Eliminar el AMT de los impuestos sobre ingresos individuales y empresariales simplificaría las leyes fiscales e impediría un aumento no deseado de impuestos.
- Liberar a los mayores de los impuestos sobre la nómina. Como parte de la reforma de los desbocados programas de derechos a beneficios, los jubilados que desean trabajar más allá de la jubilación deberían ser librados de la carga de pagar impuestos del Seguro Social en sus nóminas, y los empresarios que estén dispuestos a contratar o conservar en sus puestos a los empleados de mayor edad deberían estar exentos de pagar la parte de la empresa de los impuestos sobre la nómina.
- Eliminar las deducciones para los impuestos estatales y locales. La deducción de estos impuestos en la declaración de impuestos federales disminuye la percepción del costo del gobierno y promueve su crecimiento. Eliminar esta deducción simplificaría el sistema fiscal y compensaría el costo de la propuesta disminución de impuestos.
Este artículo pertenece a la serie Soluciones para América.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.












