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Resoluciones de Año Nuevo para los conservadores

 

Seamos honestos: Todos sabemos que en realidad no vamos dejar de fumar, empezar a hacer ejercicio o comer más col ahora mismo. Como subrayó Emerson, sarcásticamente: “Las promesas superan los hechos”.

La clave para mantener nuestras resoluciones de Año Nuevo es hacerlas más realistas. En vez de intentar cambiar drásticamente la forma en que Ud. vive, ¿por qué no empezar con el objetivo, más modesto, de cambiar la forma de expresarse? ¿Y qué mejor lugar para los conservadores que empezar con los principios fundacionales de Estados Unidos?

Mientras los conservadores continúan redescubriendo la Declaración de la Independencia y la Constitución, es importante que se usen las palabras y se adopten ideas que sean congruentes con nuestros principios fundacionales.

Si a Ud. le gustan mucho el término “derechos de los estados”, o tiene debilidad por el principio de nulidad, está tentado por el aislacionismo o recela de la igualdad, he aquí cuatro resoluciones sencillas para empezar a hablar con corrección acerca de los principios americanos. Una vez que tenga estos en orden, puede empezar a corregir a sus amistades y pasar a otros conceptos básicos.

 

1. Hable de federalismo, no de “derechos de los estados”

Los estados no tienen derechos. El pueblo los tiene.

Los estados tienen poderes. En ningún sitio de la Constitución se dice que los estados posean derechos. El Congreso tiene ciertos poderes, claramente enumerados en el Artículo I, Sección 8 de la Constitución, y la Décima Enmienda, favorita de los conservadores, deja claro que todos los demás poderes están reservados a los estados.

No sólo es incorrecto hablar de derechos de los estados, sino que la expresión acarrea consigo más bagaje que Samsonite y Louis Vuitton combinados. En caso de que no lo supiera, “los derechos de los estados” era el grito de guerra de los segregacionistas. Dado que ningún conservador que razone correctamente querrá la compañía de esa gente, simplemente dejemos que se pierda de una vez para siempre el término “derechos de los estados”.

Si está preocupado por las intromisiones federales en la soberanía de los estados o la erosión del federalismo —como de hecho debería estar—, entonces hable de las intromisiones federales en la soberanía de los estados o de la erosión del federalismo. O de la necesidad de restaurar el gobierno constitucional limitado, revigorizar el autogobierno local, descentralizar el poder o contener el crecimiento de un gobierno fuera de control. Con tantas buenas fórmulas entre las que poder elegir, ¿por qué debilitar la defensa de la libertad apoyándose en los “derechos de los estados”?

 

2. Resista la tentación de la nulidad

¿Está Ud. disgustado con la abominación constitucional llamada “Obamacare”? ¿Piensa Ud. que el Congreso no tiene el poder —fíjese en que no he dicho el derecho— de obligarle a comprar seguro médico?

Bien. Ahora elija un Congreso que derogue la ley y un presidente que firme la derogación. O espere a ver de qué humor estará Anthony Kennedy el próximo mes de junio cuando la Corte Suprema dictamine sobre la constitucionalidad de Obamacare.

Pero por favor, no empiece a hablar sobre nulidad como la mágica bala de plata que otros conservadores, de alguna forma, no vieron por despiste en sus intentos por abolir Obamacare (o cualquier otra ley inconstitucional, en su caso).

La nulidad es totalmente inconstitucional. Como señaló James Madison en 1798, 1800 y de nuevo durante la Crisis de la Nulidad de 1832, los estados individuales no tienen el poder de declarar inconstitucional ninguna legislación federal. Tienen el poder —de hecho, el deber— de oponerse legalmente a las leyes que crean objetables, pero esto debe hacerse dentro del marco constitucional vigente. Busquemos, como Madison diría, un remedio republicano a este exceso de competencias federales.

 

3. El aislacionismo es característicamente no americano

A no ser que esté describiendo el shogunato Tokugawa en Japón o el reino ermitaño de Corea del Norte, el término “aislacionismo” debería ser expurgado de las conversaciones conservadores sobre política exterior.

Como nación dedicada a la verdad universal de la igualdad humana, Estados Unidos simplemente no puede retirarse del mundo y ser indiferente a la suerte de la libertad. El excepcionalismo americano es fundamentalmente incompatible con el aislacionismo. Más que en cualquier otro país, tenemos un deber de defender la libertad.

Y no, los Fundadores no eran aislacionistas. Marion Smith, de la Fundación Heritage, ha escrito la refutación definitiva de este falso argumento en “El mito del aislacionismo”.

Así que, si no somos aislacionistas, ¿quiere eso decir que somos intervencionistas que quieren hacer el mundo “un lugar seguro para la democracia”? Por supuesto que no. Hay un término medio entre el ingenuo aislacionismo y la cruzada intervencionista: Una política exterior claramente americana, enraizada en los principios de la Fundación, que asegure nuestros intereses mientras se afirma nuestro compromiso con la libertad — un compromiso que no necesariamente se traduzca en intervenciones militares.

 

4. “Igualdad” no es una mala palabra

A la vista de cómo la izquierda lanza de forma incesante desatinos sobre la desigualdad y sueña con un Estados Unidos à la Harrison Bergeron, algunos conservadores recelan de la igualdad. Sin embargo, ninguna palabra es más importante para la tradición americana que defendemos como la igualdad.

Igualdad es la primera verdad autoevidente proclamada en la Declaración de Independencia y el nuestro es un país “dedicado a la proposición de que todos los hombres son creados iguales”. Con esto, por supuesto, queremos decir derechos naturales iguales y las oportunidades iguales proporcionadas por los mercados y el imperio de la ley.

La tragedia real de la desigualdad en Estados Unidos no es que unos ganen más que otros — la envidia entre clases es algo que afecta a los europeos, no los americanos. Más bien es que el gran gobierno engendra lo que Paul Ryan llama “una casta de burócratas y capitalistas que son amigos conectados al poder intentan elevarse sobre el resto de nosotros, corrompiendo las reglas y preservando su lugar en la cima de la sociedad”.

Reclamemos para nosotros mismos por tanto el manto de la igualdad de aquellos que lo han pervertido en la búsqueda de la igualdad de resultados.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

Posted in Campana de Heritage, Estudios, Opinión, Pensamiento Político, Principios Fundacionales, Seguridad Internacional