En la Cena del Premio al Liderazgo de la Fundación Kemp, celebrada la noche del pasado jueves, el representante Paul Ryan (R-WI) y el senador Marco Rubio (R-FL) hablaron acerca de las maneras de fomentar la oportunidad, combatir la pobreza y volver a poner al país por el camino correcto.
Ambos apuntaron a más reformas exitosas como las impulsadas por el exsecretario de Vivienda y Desarrollo Urbano y durante mucho tiempo distinguido investigador de la Fundación Heritage, Jack Kemp, que falleció en 2009 después de haber dedicado su vida a promover el poder del libre mercado y la oportunidad económica.
El problema con la pobreza, señaló Ryan, es que “cuando Lyndon Johnson lanzó la Guerra contra la Pobreza en 1964, predijo que eliminaríamos la pobreza en un plazo de entre 35 y 50 años. Y aquí estamos, 48 años más tarde con la pobreza como vencedora. Merecemos algo mejor”. Eso no significa eliminar la red de seguridad social; significa asegurarse de que la red no atrape a las personas pobres.
“Necesitamos una visión para llevar la oportunidad a la vida de todas las personas: una que fomente unas familias sólidas, que les asegure el sustento así como la igualdad de oportunidades, para que todos los americanos alcancen sus mayores aspiraciones y las de sus hijos”, comentó Ryan. “Que apele a que el gobierno motive, no a que desplace, las iniciativas para que las personas libres se ayuden unas a otras. Que exija una red de seguridad más fuerte: una que proteja a los más vulnerables y que fomente la autoconfianza. Que exija el fin de las desigualdades crónicas de nuestro sistema educativo. Y finalmente, que fomente el crecimiento económico mediante la libre empresa, pues no hay nada en lugar alguno que haya hecho más por sacar a la gente de la pobreza”.
Por su parte, Rubio, galardonado con el Premio al Liderazgo de la Fundación Jack Kemp de este año, indicó que “millones de americanos están preocupados porque puede que nunca alcancen una prosperidad y una estabilidad de clase media y porque sus hijos se verán también atrapados en el mismo tipo de vida y en los mismo problemas”.
Deberíamos reparar esa red de seguridad, comentó Rubio, además de proporcionar “un modo de ayudar a aquellos que no se han podido mantener, para que lo intenten de nuevo y, por supuesto, ayudar a quienes no se pueden ayudar a sí mismos. Sin embargo, estos programas deben ser reformados con el fin de mejorar la estabilidad familiar, la oportunidad económica, la educación y la cultura del trabajo”.
La buena noticia es que el Sueño Americano no está muerto. “Aún estoy convencido”, dijo Rubio, “de que una aplastante mayoría de nuestro pueblo simplemente quiere lo que tuvieron mis padres: una oportunidad, una oportunidad real para conseguir un buen modo de vida e incluso poder proporcionar oportunidades mejores a sus hijos”.
Los americanos son compasivos y comprenden la necesidad de una red de seguridad para aquellos que luchan mientras buscan un modo de mejorar sus vidas. Pero no podemos aceptar un país que atrapa a la gente en los estratos más bajos de la sociedad. También para ellos debería haber una escalera de oportunidad para poder ascender socialmente. Esa es la promesa del Sueño Americano.
O, como expuso Ryan, “la creencia de que todos deberían tener la oportunidad de levantarse, de escapar de la pobreza y de conseguir cualquier cosa que el talento que Dios le ha otorgado y el trabajo duro le permitan lograr”.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.




