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  • Se resuelve: ¡América tiene que ser libre!

    En el verano de 1776, los americanos ya estaban metidos en un conflicto abierto contra el Imperio Británico. Los esfuerzos de las colonias para encontrar una solución a sus quejas políticas apelando al rey y al Parlamento habían fracasado. Se hizo evidente que con el fin de proteger sus libertades, América tendría que tomar “las riendas de su propia suerte”, como diría después George Washington. El 7 de junio de 1776, Richard Henry Lee, un delegado por Virginia, se levantó para presentar una resolución en el Segundo Congreso Continental reunido en Filadelfia:

    Se resuelve que estas Colonias Unidas son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes, que están exentas de todo deber de súbditos para con la Corona británica y que queda completamente rota toda conexión política entre ellas.

    John Adams firmemente secundó la propuesta de Lee. Fue una resolución revolucionaria que formalmente pedía la independencia americana. Confiado en que se aprobaría la resolución, el Congreso nombró una comisión para redactar una declaración proclamando los motivos y el significado de la independencia americana. En el Comité de los Cinco, como así se llamaba, estaban Thomas Jefferson de Virginia, John Adams de Massachusetts, Benjamin Franklin de Pensilvania, Robert R. Livingston de Nueva York y Roger Sherman de Connecticut.

    El 2 de julio de 1776 el Segundo Congreso Continental aprobó la Resolución de Independencia presentada por Lee. Al día siguiente, el 3 de julio, John Adams escribió a su esposa, Abigail:

    El segundo día del mes de julio de 1776 marcará la época más memorable de la historia de América. Me inclino a creer que va a ser celebrada por las generaciones venideras como el festival del gran aniversario. Debe conmemorarse como el día de la emancipación con solemnes actos de devoción a Dios Todopoderoso. Debe solemnizarse con pompa y desfiles, con espectáculos, juegos, deportes, salvas de cañones, campanas, fogatas e iluminaciones, desde un extremo de este continente a otro, de ahora en adelante y para siempre.

    La predicción de Adams era correcta, a excepción del día. Desde el principio, el 4 de julio ha sido el día en que celebramos la independencia de América porque fue en ese día en 1776 que el Congreso adoptó el lenguaje de la Declaración de Independencia redactado por el Comité de los Cinco. La Declaración fue mucho más que un acto político, fue nuestra declaración al mundo expresando los principios universales de libertad, justicia e igualdad humana. Estas verdades evidentes impulsaron a Estados Unidos a declarar su independencia y suministró los principios sobre los que se cimentaría el futuro gobierno de Estados Unidos.

    Los ideales de la fundación de Estados Unidos son imperecederos y, sin embargo, la causa de la libertad nunca puede considerarse completamente ganada. Los Padres Fundadores que votaron a favor de la independencia, firmaron la Declaración de Independencia y debatieron la Constitución comprendían que estos principios universales sólo puede cristalizarse a través de la convicción, el sacrificio y la perseverancia de un pueblo especial. En este sentido, la búsqueda de la independencia del pueblo americano llegó a ser indistinguible de la causa de la libertad.

    Sin embargo, esta causa se disputa hoy en día tanto a nivel nacional como internacional. En el plano interno, los progresistas rechazan los principios básicos de Estados Unidos y la separación de poderes establecida por la Constitución. En el extranjero, tiranos y terroristas tratan de extinguir la llama de la libertad. La soberanía del país también está cada vez más amenazada por instituciones internacionales que tienen poco respeto por el Estado de Derecho y el autogobierno.

    En 1826, en el 50º aniversario de la independencia americana, le pidieron a un envejecido John Adams que resumiera el significado de la Revolución Americana y las perspectivas del joven Estados Unidos. Adams respondió con sus últimas palabras públicas: “¡Independencia para siempre!”.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Constitucionalismo, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Liderazgo para América, Opinión, Pensamiento Político, Principios Fundacionales