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Seguridad interior 4.0: Superar la centralización, la autocomplacencia y la política

Hoja informativa # 90

 

La amenaza sigue viva

Diez años después: El país ha experimentado enormes cambios de seguridad nacional en nuestro devenir desde el 11 de septiembre de 2001. Ha habido una serie de éxitos. Sin embargo, los mayores desafíos siguen allí. Es decir que tenemos que superar los retos asociados con la centralización, la autocomplacencia y la política si hemos de mantenernos a la vanguardia en la guerra contra el terrorismo y crear un buen sistema de seguridad interior, capaz de hacer frente a las amenazas que nos rodean.

El federalismo es algo más que un eslógan

La descentralización de la seguridad interior: El federalismo no es un arcaico concepto soñado por nuestros Padres Fundadores para aplacar a los escépticos de un gobierno central fuerte. El federalismo no solo nos protege de la centralización del poder en Washington, sino que también promueve la realidad de que los gobiernos estatales y locales cuentan con los recursos, emplazamiento geográfico y la experiencia para protegernos de las amenazas físicas.

Un ambiente centralizado aumenta el riesgo: A pesar de ser esenciales y estar en pie de igualdad a la hora de defender el territorio nacional, los gobiernos estatales y locales tienen poco que decir en el desarrollo de las políticas nacionales. Los gobiernos estatales y locales soportan el costo del fracaso federal en materia de inmigración, no obstante se les desmotiva a tomar medidas. Los estados aún carecen de una eficaz red de movilización de voluntarios a gran escala.

Se debe evitar la autocomplacencia

El pasado no debe inhibir el futuro: Garantizar la seguridad nacional es una competencia entre decididos e innovadores adversarios y el pueblo americano. Si Estados Unidos se vuelve autocomplaciente o se centra en el pasado, pagará un precio muy alto. Si la nación se conforma con el statu quo, entonces no podrá esperar a estar un paso adelante de los terroristas; debemos moderar nuestras expectativas de forma realista debido a la complejidad de la naturaleza humana así como a la integración tecnológica y su alcance.

El gobierno federal aún no está listo: El Departamento de Seguridad Interior (DHS) no tiene una sólida postura política de liderazgo, no está suficientemente centrado en las amenazas emergentes, no está aprovechando la innovación que crea el sector privado y sigue siendo un actor menor en el Consejo de Seguridad Nacional. Nuestros organismos de inteligencia todavía tiene problemas “atando cabos” y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) sigue anclada en el pasado. Y la Revisión Cuadrienal de Defensa (QDR) defrauda a la defensa nacional.

Hay que ponerle bridas a la política 

La conveniencia política es una amenaza: Washington y los políticos no pueden borrar la política por completo en lo referente a asuntos de seguridad, pero es de esperar que nuestros representantes electos puedan encontrar la forma de dejar de lado el politiqueo en materia de seguridad nacional. Lamentablemente, en la última década, la política ha jugado un papel demasiado grande en las decisiones políticas y ha sido factor determinante para desperdiciar miles de millones de dólares en subsidios de seguridad interior, para crear supervisión negligente, para impedir el progreso en asuntos clave y para dejar a Estados Unidos menos seguro que si los políticos hubieran dejado la política fuera del comité. Estados Unidos puede y debe hacerlo mejor.

El Congreso debe medir la eficacia de las decisiones políticas: Las subvenciones del Departamento de Seguridad Interior (DHS) se han convertido en asignaciones clientelistas de fondos públicos que no exigen responder por la gestión de ese dinero. Y por otro lado, la solución de que los pasajeros deben ser revisados y escaneados al 100% no se basa en el riesgo y crea una falsa sensación de seguridad; mientras tanto la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) está excesivamente centrada en la gente haciendo cola para el control de seguridad. El Congreso debería reimponer la supervisión del Departamento de Seguridad Interior.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

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