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  • ¿Silenciarán a la minoría en el Senado?

     

    La vida es fácil cuando se tiene la mayoría, tanto que el líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid (D-NV), parece creer que la tendrá para siempre.

    En la práctica, Reid ya ha acabado con la posibilidad de que los senadores de la minoría presenten enmiendas a los proyectos de ley. Ahora está maniobrando para cambiar las reglas del Senado, de modo que los miembros de la minoría no puedan intervenir en el hemiciclo con el propósito de impedir que un proyecto de ley se someta a votación, lo que se conoce como filibusterismo.

    Según el modo en el que está configurado el Senado, todo senador tiene la capacidad de plantear un debate sobre cualquier legislación. Pero como observa el analista de la Fundación Heritage experto en cuestiones legales Hans von Spakovsky, “Si los miembros pierden esta capacidad, será el partido que cuente con la mayoría el que entonces tenga una capacidad sin restricciones para dar por terminados los debates y aprobar las leyes sin oposición alguna”.

    El filibusterismo (tan bien reflejado en la película Mr. Smith Goes to Washington) en realidad no sucede tan a menudo. Como comentó para la Fundación Heritage en noviembre el senador Jim DeMint, “La última persona en incurrir en el auténtico filibusterismo fue el ultraprogresista senador por Vermont Bernie Sanders. En 2010, habló ante el hemiciclo del Senado durante ocho horas seguidas en un intento por frustrar la legislación que ampliaba los tipos impositivos”.

    En años recientes, los republicanos no han practicado el filibusterismo contra ninguna legislación, a pesar de la actual cruzada por parte de Reid. DeMint observa que “no han sido los filibusteros los que han impedido que el Senado, bajo dirección demócrata, apruebe un presupuesto en los tres últimos años, previniendo así el llamado ‘abismo fiscal’ o que este tome medidas para reducir nuestra creciente deuda que ya alcanza los $16 billones. Ha sido Harry Reid”.

    Para cerrar un debate legislativo hace falta el voto de tres quintos del Senado. Pero Reid quiere cambiar las antiguas reglas del Senado de modo que una mayoría simple de 51 senadores podría dar por terminado cualquier debate. Es lo que se ha denominado como la “opción nuclear”.

    Por supuesto, Reid parece asumir que su partido nunca perderá la mayoría y que este cambio de reglamento funcionaría siempre a su favor. Además, tanto Reid como el presidente habían argumentado anteriormente en contra de cambiar las reglas cuando no les beneficiasen.

    En 2005, el entonces senador Barack Obama argumentaba acertadamente que:

    …lo que [el pueblo americano] no espera es que un partido, sea este el Republicano o el Demócrata, cambie las reglas en medio del juego de modo que este pueda tomar todas las decisiones mientras que al otro partido se le dice que se siente y se mantenga en silencio…todo el mundo en esta Cámara sabe que si la mayoría elige acabar con el filibusterismo, es decir, si elige cambiar las reglas y poner fin al debate democrático, entonces la confrontación y el rencor y el estancamiento sólo irán a peor.

    Pero Reid no es el único que está tratando de cambiar las reglas del Senado. Los senadores John McCain (R-AZ) y Carl Levin (D-MI) están ahora afirmando que su plan para una “reforma” bipartidista de los mecanismos del Senado es una idea mejor. Pero von Spakovsky explica que esta “crearía una nueva categoría de supersenadores que estarían facultados para participar en el proceso legislativo mediante la exclusión de los miembros de menor nivel”. Es decir, concentraría el poder en manos de solamente cuatro senadores, excluyendo a los otros 96 de la capacidad de presentar enmiendas a cualquier legislación.

    “Esta propuesta puede ser peor que la de Reid, ya que facultaría a los líderes de ambos partidos en detrimento del debate abierto y de un proceso de presentación de enmiendas libre y al alcance de todos los miembros”, comenta von Spakovsky.

    Las reglas del Senado se establecieron por una buena razón. Von Spakovsky nos recuerda que “George Washington le indicó a Jefferson que el Senado estaba pensado para ‘enfriar’ la capacidad legislativa de la Cámara de Representantes, de la misma forma que se usa un platillo para dejar enfriar el té caliente”. A diferencia de la Cámara, en el Senado cada estado tiene la misma representación y por tanto todos los senadores deberían tener la posibilidad de expresarse. Si las reglas cambian cada vez que cambia el partido que tiene la mayoría, el Senado perderá su capacidad para deliberar del modo en el que fue diseñado.

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

     

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