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  • Siria: Hora de que la administración Obama apoye la libertad

    WebMemo #3219

    El despiadado régimen del presidente sirio Bashar al-Assad está amenazado, merecidamente, por crecientes protestas organizadas por los sufridos sirios hartos de su durísima represión, evidente corrupción y rígido gobierno autócrata. Pero la administración Obama ha suavizado su crítica sobre la dictadura de Assad, deseosa de un “acercamiento” con el empecinado y hostil régimen a pesar de la sistemática represión de su propio pueblo.

    Los llamamientos por la libertad desencadenan la violencia del régimen

    La familia Assad, que ha gobernado Siria con mano de hierro desde un golpe militar en 1970, soltó las riendas a los servicios de seguridad interna y estos mataron a más de 130 manifestantes, según activistas de la oposición. Pero la descarnada violencia que se ha usado para intimidar a los manifestantes —predominantemente compuestos de musulmanes suníes, que son tres cuartos de la población de 22 millones de personas en  Siria— ha erosionado muchísimo la ya estrecha base de apoyo popular del régimen, dominado por miembros de la secta minoritaria alauita, una escisión del islam chiíta que comprende cerca del 10–15% de la población.

    Assad ha intentado calmar la situación prometiendo vagas reformas, algo que ya hizo repetidamente en el pasado sin cumplir sus promesas. Pero continúa denunciando a la oposición como agentes de una conspiración pensada para derrocar al partido baazista actualmente en el poder. Assad continúa apoyándose en la intimidación para mantener su férreo control del poder, convencido de que los oficiales alauitas que controlan el ejército y los servicios de seguridad interna seguirán con el régimen y no se pasarán a la oposición (como en Egipto) o se partirán en facciones enfrentadas entre sí (como en Libia). Assad también cuenta con el legado del terrorismo de estado que heredó de su padre, Hafez al-Assad, quien aplastó brutalmente una rebelión popular orquestada por la Hermandad Musulmana en 1982 en Hama, matando a unas 10,000–20,000 personas con artillería y tanques antes de pavimentar los barrios destruidos en la lucha.

    El sangriento historial de Assad

    Siria es un estado árabe clave que ha intentado ganar ascendencia sobre el mundo árabe a través de la adopción de políticas de línea dura contra Israel y Estados Unidos. Aunque tiene una economía tambaleante y exiguos recursos petroleros, ha explotado sus lazos estratégicos con la Unión Soviética y más recientemente se asoció con Irán para asumir un mayor papel en el conflicto árabe-israelí, extender su hegemonía letal sobre el Líbano y oponerse a la influencia occidental en Oriente Medio. El régimen de Assad es un importante patrocinador de terrorismo de estado que ha usado varios grupos extremistas palestinos —incluidos Hamás, la Yihad islámica palestina y facciones seculares— para atacar indirectamente a Israel. Ha conspirado con Irán y Hizbolá para subvertir el Líbano, donde tiene un largo y sangriento historial de asesinatos de políticos y periodistas libaneses críticos con la dominación siria. La despiadada red de inteligencia siria es la principal sospechosa del asesinato con carro bomba del ex primer ministro libanés Rafik Hariri y otras veinte personas más. El régimen de Assad es el más importante aliado de Irán en Oriente Medio. Ha ayudado a Irán a aumentar la fuerza militar de Hizbolá, reabasteciendo de cohetes al grupo tras su guerra de 2006 con Israel en violación de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Damasco también ha facilitado la infiltración de baazistas y militantes islámicos extranjeros en Irak para matar soldados americanos,  fuerzas de seguridad iraquíes así como a sus civiles en un intento por destruir el frágil gobierno democrático de Irak.

    El fracaso de la política de acercamiento de Obama

    A pesar del historial sangriento del régimen, la administración Obama quiso mejorar las relaciones con Damasco, utilizando al senador John Kerry (D–MA) como intermediario para el deshielo de relaciones con el régimen de Assad. También quiso dar marcha atrás en la decisión de la administración Bush de retirar el embajador de Estados Unidos en Damasco, tomada en 2005 tras el magnicidio de Hariri. Cuando el Senado se mostró reacio a confirmar un embajador debido a las constantes políticas hostiles de Siria, la administración buscó las vueltas al Senado nombrando a Robert Ford como embajador en un receso del Congreso el pasado diciembre. La política de acercamiento y apaciguamiento de la administración Obama ha fracasado miserablemente en Siria tal y como sucedió con Irán. La administración se aferra a la esperanza de poder persuadir de alguna forma al régimen de Assad para firmar un tratado de paz con Israel, pero esto es menos probable que nunca debido a que el asediado régimen dominado por los alauitas teme ser acusado por la oposición suní de venderse en la lucha contra Israel. La administración Obama, que ha tratado al régimen sirio con guantes de seda, ha complicado aún más el problema al silenciar sus críticas sobre la violencia represora de Assad. La secretaria de Estado Hillary Clinton dijo el 27 de marzo que Assad es considerado un “reformista” – una bochornosa malinterpretación de la realidad política de Siria. Aunque Assad prometió reformas cuando sucedió en el poder a su padre en 2000, ha hecho poquísimo en once años para cumplir esas promesas. Algunos de sus apologetas alegan que la vieja guardia de asesores que heredó de su padre bloqueó sus intentos reformistas, pero Assad hace mucho que los reemplazó con sus propios partidarios y hace tiempo que podría haber dado los pasos necesarios con facildad para poner en marcha las reformas.

    Recomendaciones

    Para salvar su fracasada política con Siria, la administración Obama debería:

    • Apoyar a la oposición democrática siria. La administración debería evitar el error que cometió tras el robo de las elecciones en Irán en junio de 2009. Washington debería apoyar firmemente los derechos de los sirios a buscar el cambio pacífico, hacer pública la suerte de los numerosos presos políticos del país y liderar una campaña internacional para asegurar su liberación. Debería rehusarse a levantar las sanciones contra el régimen hasta que Assad respete los derechos humanos y la libertad del pueblo sirio. Debería denunciar al gobierno sirio en todos los foros multilaterales, incluyendo el Consejo de Seguridad, y presionar a la Liga Árabe para expulsar al régimen de Assad por los crímenes contra sus propios ciudadanos, como hizo con Libia.
    • Imponer nuevas sanciones contra el régimen de Assad. Washington debería imponer sanciones a los líderes del régimen que sean encontrados responsables de abusos de los derechos humanos durante la dura represión y debería congelar sus bienes e impedir sus viajes cuando sea posible. Debería presionar a sus aliados a hacer lo mismo. Estados Unidos impuso ya sanciones económicas contra Siria debido a su estatus de estado patrocinador de terrorismo, pero muchos países de la Unión Europea continúan recompensando a Damasco con comercio e inversiones. Washington también debería buscar el apoyo para imponer sanciones a Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU. Incluso si Rusia vetara tal acción, la atención de Naciones Unidas daría ánimos a la oposición siria.
    • Aumentar la presión internacional sobre el asunto nuclear sirio. Siria está obstaculizando activamente la investigación en curso de la Agencia Internacional de la Energía Atómica sobre el reactor nuclear oculto que Israel bombardeó en 2007. Las instalaciones de al-Kibar tenían un reactor nuclear de diseño norcoreano capaz de producir plutonio para armas nucleares que probablemente fue financiado por Irán como medio de burlar las inspecciones nucleares. Washington debería llevar el asunto al Consejo de Seguridad buscando penalizaciones contra Siria por no cumplir con sus compromisos de no proliferación.
    • Retirar al embajador de Estados Unidos en Damasco. La administración Obama debería retirar a su embajador en Siria como hizo con el embajador americano en Libia. Esto sería una importante señal para el régimen sirio y la oposición de que ha abandonado su iluso cortejo del régimen de Assad.

    No más vanas quimeras

    La administración Obama debería dejar de lado ya sus vanas quimeras sobre los supuestos beneficios de tener buenas relaciones con el régimen depredador de Assad. También debería movilizar una mayor presión internacional sobre Damasco para que respete los derechos humanos de sus propios ciudadanos, deje de apoyar el terrorismo y pare su peligrosa complicidad nuclear con Irán y Corea del Norte.

    James Phillips es investigador sénior especializado en Asuntos de Oriente Medio en el Centro Douglas y Sarah Allison para Estudios de Asuntos Exteriores, una división del Instituto Kathryn y Shelby Cullom Davis para Estudios Internacionales de la Fundación Heritage.
    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Conflictos Internacionales, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Informes, Liderazgo Americano, Opinión, Política Exterior, Seguridad Internacional, Terrorismo, WebMemo