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  • Soluciones conservadoras, ataques presidenciales


    Con la nación con los ojos clavados en los $14 billones de deuda, un Senado que no ha aprobado un presupuesto en 811 días y un gobierno que no sabe decidir cómo subir el límite de la deuda, Ud. podría pensar que un plan para conseguir poner bajo control el gasto y resolver el punto muerto en que está el límite de la deuda sería como un bienvenido soplo de aire fresco en Washington. Bueno, podría serlo, a no ser que sea Ud. el presidente Barack Obama o los progres del Congreso.

    Hoy, la Cámara de Representantes de Estados Unidos vota un plan patrocinado por los republicanos conocido como “Recortar, Limitar y Balancear” (CCB) que “reduciría el gasto en $5.8 billones en 10 años, pondría un límite al gasto futuro y exigiría que el Congreso apruebe una enmienda constitucional para balancear el presupuesto federal antes de aumentar el límite de la deuda en $2.4 billones”, como informa el Wall Street Journal.

    Nuestra organización filial, Heritage Action for America, anunció ayer que apoya la propuesta CCB como un paso en la buena dirección, pero es un plan que el presidente rechazó de plano. El vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, describió el plan como “agacharse, esquivar y desmantelar” y el blog de la Casa Blanca advierte que los recortes del gasto serían una carga para “jubilados y los más vulnerables” y que será “perjudicial para la recuperación económica a corto plazo“. (Dato: Los billones de dólares que ha gastado Obama han llevado a un desempleo del 9.2% y un crecimiento anémico del empleo.)

    La oficina de la expresidenta de la Cámara, Nancy Pelosi (D-CA) advierte  histéricamente de que el plan “acabaría con Medicare” y calificó el único plan propuesto en Washington de “treta política”.

    Estas tácticas del miedo de los progres son la repetición de la conferencia del prensa del presidente la semana pasada en la que se las vio negras para siquiera decir el nombre del plan, advirtió que las medidas de la legislación son drásticas y dijo que una enmienda del presupuesto balanceado es innecesaria:

    Este límite – o recortar, limitar y balancear, por ejemplo, cuando uno ve las cifras, está mirando recortes de medio billón de dólares por debajo del presupuesto de Ryan en cualquier año. Quiero decir, exigiría reducir sustancialmente el Seguro Social o Medicare.

    Creo que es importante que todo el mundo entienda que todos nosotros creemos que necesitamos llegar a un punto en que finalmente podamos balancear el presupuesto. No necesitamos una enmienda constitucional para hacer eso: lo que necesitamos es hacer nuestro trabajo.

    Parece que se necesita una enmienda constitucional para que el Congreso y el presidente hagan su trabajo, dada la deuda constantemente en crecimiento y la pasmosa incapacidad del Senado para aprobar un presupuesto durante más de dos años y medio. Y aunque el presidente rechaza de plano la enmienda como una idea loca e “innecesaria”, quizá podría hablar con su vicepresidente: Joe Biden votó a favor de una enmienda del presupuesto balanceado en 1997. Es una idea que Thomas Jefferson apoyaba y es una idea que habitualmente vuelve a presentarse  ante el Congreso desde 1936. Y es una idea que $14 billones de deuda y la falta de presupuestos balanceados demuestran que es verdaderamente necesaria.

    En vez de sobre una enmienda del presupuesto balanceado, el presidente habla a menudo de un “enfoque balanceado” y de “sacrificio compartido” (palabra en clave: aumentar impuestos), hace demagogia contra las petroleras y los ricos e insiste en su voluntad de alcanzar un compromiso. Pero en el vocabulario del presidente, el compromiso es calle de un solo sentido, él maneja el auto, el país tiene que ir por el camino que él marca y los que no están entre su clase de privilegiados, se ven abandonados por el camino, junto con el crecimiento económico que va dejando atrás.

    El presidente ha amenazado con vetar “Recortar, Limitar y Balancear”, una acción que el presidente de la Cámara, John Boehner (R-OH), dice que deja claro “que el problema no es la falta de acción del Congreso, sino la falta de voluntad del presidente para recortar el gasto y frenar el futuro crecimiento de nuestro gobierno”. A Obama más bien le gustaría que el Congreso se sumase a sus planes para Estados Unidos — y eso incluye más y más gasto. El presidente pinta a los que se le oponen como obstruccionistas e insiste en que el Congreso cumpla con la fecha límite del 2 de agosto para subir el límite de la deuda. (No importa que en 2006 todos los demócratas, incluido el presidente Obama, votaran en contra de aumentar el límite de la deuda. ¿Fue su voto entonces “meramente simbólico” o “nos abocaba al impago”?)

    Jason Furman, vicedirector del Consejo Nacional Económico (NEC), calificó el plan CCB de “extremo, radical” y “sin precedentes”. Esas palabras también podrían aplicarse a la Casa Blanca y a un Senado que ha fracasado en aprobar un presupuesto mientras que el gasto se dispara hasta por las nubes a peligrosos niveles. En vez de amenazar con vetos y criticar las propuestas que abordan con seriedad los graves problemas de gasto de Estados Unidos, la Casa Blanca debería considerar que un plan que pone al gobierno bajo control podría ser de valor.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Campana de Heritage, Congreso, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo Americano, Opinión, Poder Ejecutivo