• The Heritage Network
    • Ampliar:
    • A
    • A
    • A
  • Donar
  • ¿Somos unos blandengues?

    ¿Se está volviendo blandengue Estados Unidos? El presidente Obama parece pensar que sí:

    Como yo veo esto, saben, este es un gran, gran país que se ha vuelto un poco blandengue y, saben, no hemos tenido esa misma ventaja competitiva que nos hacía falta durante el último par de décadas. Necesitamos volver por el buen camino.

    Obama dice querer remediar nuestra debilidad y restaurar nuestra ventaja competitiva; no obstante, el origen del problema en realidad es el Estado regulador que el presidente expande constantemente. Nuestro gobierno, cada vez más intruso, está empezando a parecerse a lo que Alexis de Tocqueville, autor de la clarividente obra Democracia en América, tildó de “despotismo blando” bajo el cual un gobierno protector crea ciudadanos blandengues.

    El despotismo blando consiste en que el gobierno poco a poco consume la libertad de sus ciudadanos con la promesa de satisfacer todas sus necesidades, ansias y deseos.

    Con el fin de convertirse en el proveedor, el gobierno también debe convertirse en el que toma las decisiones. En efecto, los ciudadanos cambian el poder de decisión (el autogobierno) por la comodidad que produce el gobierno. Tocqueville habla de los efectos de este gobierno protector: “no quiebra voluntades pero las ablanda, las somete y las dirige”.

    Nuestro gobierno parece tener una mano metida en todos los aspectos de nuestras vidas, desde determinar nuestra necesidades médicas a través de Obamacare, pasando por la promoción de determinadas dietas, hasta proclamar qué focos de luz se nos permite usar. Steven Chu, secretario de Energía del presidente Obama, ilustra la mentalidad del Estado Niñera con sus comentarios sobre la regulación de los focos: “Estamos quitando una opción que sigue permitiendo al pueblo malgastar su propio dinero”. ¿Para qué molestar al pueblo con la carga de tomar sus propias decisiones cuando el gobierno sabe lo que es mejor?

    A fin de cuentas deberemos plantearle la famosa pregunta de Tocqueville a nuestro propio gobierno: “¿No podría librarnos por entero de la molestia de pensar y del trabajo de vivir?”

    El protectivo Estado administrativo es paternalista, pero a diferencia de un padre que quiere que sus hijos se conviertan en adultos, el Gobierno “no busca sino mantenerlos irrevocablemente en la infancia”. El peligroso resultado de un Estado Niñera es una ciudadanía blandengue, con un sentido infantil de tener derecho a todo. Esta realidad se hace evidente en, por ejemplo, una entrevista a un manifestante de Wall Street al que recientemente le preguntaron: “¿Por qué tendría alguien que pagarle a Ud. la educación universitaria?” El entrevistado no pudo producir una respuesta coherente que fuera más allá de: “Eso es lo que quiero”.

    La actitud de este manifestante en particular no es la norma, pero debería considerarse como toda una advertencia. Estados Unidos sigue siendo una nación fuerte con ciudadanos diligentes; no obstante, debemos permanecer alerta y no tolerar los intentos de acabar con nuestro autogobierno.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo para América, Opinión, Pensamiento Político