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Desde hace meses, el llamado “Supercomité” del Congreso se ha estado reuniendo en secreto para presentarnos un plan que recorte el presupuesto (ejem… mejor digamos que recorte el déficit). Tiene que estar listo para este 23 de noviembre.
El tamaño de cualquier paquete de reducción del déficit es tan importante como las políticas que contenga. Podría pensarse que un paquete grande de reducción del déficit debe ser algo bueno. Pero si está lleno de políticas equivocadas y mal enfocadas que agravan las deficiencias actuales en los programas gubernamentales, es peor que no tener propuesta alguna.
Los demócratas están ofreciendo otro paquete con la mitad en recortes y la otra mitad en aumentos de impuestos. Y se trata de aumentos de impuestos de un billón y medio de dólares para los sufridos contribuyentes americanos que ya padecen con un persistente desempleo del 9%.
Como muestra el Gráfico de la semana: Houston, tenemos un problema de gasto, no un problema de impuestos.
Cuando los impuestos suben, o incluso cuando Washington sermonea a la nación acerca de que los “ricos” y las empresas deben pagar su “parte justa”, o cuando innecesariamente promete aumentar los impuestos para recaudar más, las empresas, grandes y pequeñas, no le encuentran ninguna gracia a la propuesta. Ese tipo de mensaje hace que las empresas se sientan poco dispuestas a tomar riesgos, a comprar nuevos equipos, a expandir el negocio… y a contratar nuevos empleados. Por tanto, cualquier plan de reducción del déficit que pida un aumento de la presión fiscal debería descartarse. Incluso la sola mención de subidas de impuestos enfría la actividad económica y la creación de empleo.
Ah, ¿y qué me dicen de ese plan de estímulo para crear puestos de trabajo con más déficit? Todo un fracaso demostrado. Los demócratas debería quitar de su plan esa idea (al parecer, hablamos de entre $200,000 millones y $300,000 millones).
Hacen falta verdaderos cambios históricos si el Congreso ha de resolver la crisis de gasto y deuda de la nación. Esto signfica acometer cambios audaces, transformativos a los programas de derechos a beneficios y una verdadera agenda de crecimiento mediante una reforma fiscal neutral para la recaudación que apuntale un sólido crecimiento y la creación de empleo. Y, por último, el Congreso deberá asegurarse de que el gobierno federal pueda cumplir con una de sus pocas funciones constitucionales: la defensa de la nación.
Para las soluciones reales, audaces que son necesarias para solucionar nuestro gasto y la crisis de deuda, el Supercomité debería echarle un vistazo a la propuesta de nuestra fundación Para Salvar el Sueño Americano: El Plan de Heritage para arreglar la deuda, reducir el gasto y restaurar la prosperidad.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.











