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Supercomité o no, el Congreso tiene que hacer su trabajo

El Comité Selecto Conjunto para la Reducción del Déficit, más conocido como el Supercomité, anunció anoche que no ha logrado cumplir con su obligación establecida por ley de presentarle al Congreso sus recomendaciones para reducir el déficit. Pero el problema del gasto excesivo todavía sigue aquí. El Congreso no puede dejar tirado al pueblo de Estados Unidos ni seguirle dando largas al asunto. El Congreso todavía debe actuar para poner el gasto federal bajo control, de una manera ponderada e inteligente, que cubra las necesidades del pueblo americano.

Hacer recortes irreflexivos, indiscriminados al gasto público –especialmente recortes que desbaratan la defensa de la nación cuando Estados Unidos ya se enfrenta a una crisis de disponibilidad militar– no es la manera de proceder. Ni tampoco lo es un aumento de impuestos mataempleos que hace crecer el tamaño del gobierno en lugar de la economía.

En su lugar, el Congreso tiene que presentar un presupuesto federal  que se apoye en tres pilares: (1) reducir el gasto federal, incluyendo la necesidad de arreglar los programas de derechos a beneficios, rumbo a un presupuesto equilibrado, (2) mantener nuestra capacidad de proteger a Estados Unidos y (3) hacer todo esto sin subir los impuestos. Y se puede hacer. La Fundación Heritage mostró el camino con su plan Para Salvar el Sueño Americano: El Plan de Heritage para arreglar la deuda, reducir el gasto y restaurar la prosperidad.

El peso del liderazgo recae sobre cinco personas: el presidente Barack Obama (D-IL), el presidente de la Cámara de Representantes John Boehner (R-OH), el líder de la mayoría del Senado Harry Reid (D-NV), la líder de la minoría de la Cámara Nancy Pelosi (D- CA) y el líder de la minoría del Senado Mitch McConnell (R-KY). Con los años, el Congreso se ha valido de un artilugio procesal tras otro –el Supercomité es sólo el truco más reciente en fracasar– para tratar de evitar una votación difícil pero necesaria para reducir el gasto. No hay más tiempo para trucos.

Estos líderes y otros miembros del Congreso deberán explicar al pueblo americano los datos duros y fríos sobre el gasto excesivo del gobierno federal. Estados Unidos está metido en una deuda de más de $15 billones y el gasto público constituye casi una cuarta parte de lo que nuestra economía produce cada año – y ambas cifras, deuda y gasto, se están poniendo peor. Estados Unidos necesita menos deuda, menos gasto y menos gobierno.

La labor de los miembros del Congreso no es perpetuarse en el cargo  –es apoyar y defender la Constitución y hacer lo que le hace falta al pueblo americano. Los líderes tendrán que hacer que los miembros del Congreso voten aunque no sea algo fácil. O bien, como esperamos, el Congreso hace lo correcto –recortar el gasto, mantener nuestra defensa y no subir los impuestos– o de lo contrario no lo hará y entonces los votantes americanos podrán ver con claridad quién votó a favor de lo correcto y quién no. Así el pueblo americano podrá ir a las urnas a sabiendas de lo que tiene que hacer en las próximas elecciones.

El Congreso no puede resolver el problema del exceso de gasto desbaratando la defensa con los recortes automáticos reteniendo fondos, o mediante el aumento de los impuestos al pueblo de Estados Unidos, o dilatando la decisión para ganar tiempo. El Congreso sólo podrá resolver el problema votando, tomando las difíciles decisiones de recortar el gasto, incluyendo la necesidad de arreglar los programas de derechos a beneficios, y financiando plenamente la defensa. Ya es hora de tomar las decisiones duras. Ahora.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

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