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Una base constitucional para la defensa

 La mayoría de americanos tenían que memorizar el preámbulo de la Constitución cuando niños y así se percataban de que uno de los propósitos del documento era el de “proveer la defensa común“. Pero el público no se ha percatado de la medida en que el documento refleja la preocupación de los Fundadores con la seguridad nacional.

Proveer la defensa común

En resumen, la Constitución dice tres cosas acerca de la responsabilidad del gobierno federal con la defensa nacional.

La defensa nacional es la tarea prioritaria del gobierno nacional. El Artículo I, Sección 8 de la Constitución enumera 17 poderes separados que se confieren al Congreso. Seis de esos poderes se ocupan exclusivamente de la defensa nacional –mucho más que de cualquier otra área específica de gobierno— y le confiere toda la gama de autoridades necesarias para el establecimiento de la defensa de la nación tal como se entendía entonces. Al Congreso se le da la autoridad específica para declarar la guerra, reclutar y mantener ejércitos, proveer una marina de guerra, establecer las reglas para la operación de las fuerzas militares americanas, organizar y armar a las milicias de los estados y especificar las condiciones para la conversión de las milicias en servicio nacional .

El Artículo II establece al presidente como jefe del gobierno ejecutivo. Gran parte de ese artículo se refiere al método para la elección del presidente y establece las facultades generales ejecutivas de su cargo, tales como los nombramientos y las facultades de veto. La única función sustantiva del gobierno asignada específicamente al presidente se refiere a la seguridad nacional y a la política exterior y la primera de estas responsabilidades le confería la autoridad para dirigir las fuerzas armadas, él es el “Comandante en jefe del ejército y la marina de Estados Unidos y de la milicia de los diversos estados, cuando se les llama al servicio activo de Estados Unidos”.

La defensa nacional es la única función obligatoria del gobierno nacional. La mayoría de las facultades conferidas al Congreso son permisivas en su naturaleza. Al Congreso se le da ciertas autoridades, pero la Constitución no le exige su ejercicio. Por ejemplo, el Artículo I, Sección 8 da poder al Congreso para aprobar un código de bancarrota, pero el Congreso en realidad no promulgó las leyes de bancarrota hasta bien entrado el siglo XIX.

Sin embargo, la Constitución exige al gobierno federal que proteja a la nación. El Artículo IV, Sección 4 afirma que “Estados Unidos garantizará a todo Estado una forma republicana de gobierno y protegerán a cada uno contra invasiones”. En otras palabras, incluso si el gobierno federal optara por no ejercer ningún otro poder, debe, en virtud a la Constitución, proveer  la defensa común.

La defensa nacional es función exclusiva del gobierno nacional. Según nuestra Constitución, los estados son en general soberanos, lo que significa que las funciones legítimas de gobierno no expresamente conferidas al gobierno federal están reservadas a los estados. Sin embargo, el Artículo I, Sección 10 prohíbe expresamente a los estados, excepto con el consentimiento del Congreso, mantener tropas o navíos de guerra en tiempo de paz o hacer la guerra, siendo la única excepción que los estados actúen por su parte si fueran invadidos. (Esto era necesario porque, cuando se redactó la Constitución, las formas primitivas de comunicación y transporte significaban que podría tomar incluso semanas antes de que Washington fuese notificado de una invasión.)

La gran ironía de nuestro tiempo es que cuanto más grande se ha puesto el gobierno federal, peor ha realizado su función prioritaria de proveer la defensa nacional. Por ejemplo, el Congreso gastó $787,000 millones en el proyecto de ley del “estímulo” el año pasado, pero ni un centavo de este dinero se gastó en adquisiciones o modernizaciones militares, a pesar del hecho de que Estados Unidos se encuentra en mayor peligro hoy en día de lo que ha estado en ningún momento desde que el comunismo amenazaba Europa a finales de 1940.

El estado de la defensa de Estados Unidos

La Fundación Heritage ha escrito extensamente sobre los riesgos a los que enfrenta Estados Unidos y el estado de nuestras defensas. Aquí está un breve resumen de los hechos más destacados.

1.  América no tiene una estrategia para la victoria en la guerra contra el terrorismo –ni siquiera la llamamos guerra ya— y los terroristas se han hecho con el momento. El resultado en Afganistán está en duda. Si los terroristas tienen éxito allí, pueden reconstruir sus refugios seguros, planear nuevos ataques contra Estados Unidos y amenazan con hacerse con el control del arsenal nuclear de Pakistán.

La Comisión para la Prevención de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva y Terrorismo, una comisión bipartita con el estatus de la Comisión del 11 de septiembre, concluyó unánimemente que los terroristas muy probablemente desarrollarán ni utilizarán un arma de destrucción masiva en contra de una ciudad occidental antes del año 2013. El Director de Inteligencia Nacional estuvo de acuerdo públicamente con esa evaluación.

2. El régimen internacional de control de las armas nucleares ya no funciona. Pakistán tiene un arsenal nuclear considerable y creciente. Su inteligencia ha sido penetrada por los islamistas. Tanto Corea del Norte como Irán están aumentando constantemente el alcance, la carga útil y la precisión de sus misiles balísticos. Nadie cree seriamente que los iraníes voluntariamente detendrán su programa nuclear o que Occidente (excepto tal vez los israelíes) utilizará la fuerza para detenerlos.

3. De acuerdo con nuestro comandante en el Pacífico, China está aumentando su fuerza militar mucho más rápido de lo que nuestra inteligencia había previsto. Los chinos ya han adquirido un arsenal de aviones avanzados y misiles que amenazan con negar el acceso al Estrecho de Taiwán a la Marina americana. Están construyendo como cinco submarinos por año y han establecido una moderna base de submarinos en la isla de Hainan. Han anunciado planes para construir una variedad de naves necesarias para incrementar su capacidad en terreno de aguas menos profundas. Según muchos informes, China tiene la mayor capacidad de alcance en el mundo para la guerra cibernética. China está suprimiendo la cultura nativa tibetana, apoyando el genocidio en Sudán, la opresión en Birmania y la represión y el terror político en Zimbabwe además de hacerse de la vista gorda con la proliferación nuclear de Corea del Norte e Irán.

4. El ejército americano es significativamente más débil de lo que era al final de la Guerra Fría. El Ejército se redujo de 18 divisiones a 10 y tiene carencias de equipos. La Marina es más pequeña de que lo ha sido desde 1916 y sigue disminuyendo. La Fuerza Aérea es más pequeña de lo que ha sido desde Pearl Harbor y la edad promedio del inventario de la Fuerza Aérea es de 23 años. La mitad de nuestros bombarderos son considerados antigüedades según los estándares de la Administración Federal de Aviación (FAA). No hay planes para reemplazarlos. La mayoría de nuestros aviones cisterna son igualmente antiguos y no serán reemplazados, en todo caso, hasta los años 30. El Departamento de Defensa quiere cerrar nuestra más moderna línea de producción de aviones de carga y cerrará nuestra más sofisticada línea de cazas de combate. El presupuesto de defensa antimisiles ha sido recortado y, de acuerdo con la mayoría de informes, la administración Obama va a recortar los presupuestos de modernización aún más.

Tan importante como es para el gobierno federal abstenerse de interferir en lo que no le incumbe, es igualmente importante que el gobierno cumpla su mandato constitucional de proveer la defensa nacional. Es por eso que la Fundación Heritage patrocina el Mes de Proteger a América cada año.

Declarándonos a favor de la libertad

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el poder americano ha sido el principal impedimento que frena la agresión: el escudo bajo el que las herramientas de la diplomacia, el comercio y el compromiso han producido un avance sin precedentes hacia la libertad y la democracia. Sin embargo, el escudo se está resquebrajando. La influencia global de Estados Unidos se está contrayendo y ni siquiera el territorio nacional está a salvo de ataques.

Aún se puede salvar la situación, pero solo si nuestros líderes entienden su deber, recuperan su confianza y revitalizan la defensa de la libertad aquí y en el extranjero. De lo contrario, los acontecimientos que estamos presenciando casi todos los días en Corea, Irán, Rusia, China, el Golfo Pérsico, Afganistán, África y Europa del Este serán sólo la punta de lanza de una tormenta terrible: “el sabor anticipado” como dijo Churchill después de Munich en 1938, “de una copa amarga que se nos tenderá año tras año, a menos que, recobrando por un supremo esfuerzo nuestra salud moral y nuestra fuerza militar, nos pongamos en pie para defender la libertad como en otros tiempos”.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

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