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  • Una conferencia de prensa que deja muchas preguntas sin contestar

     

     

    Ayer, el presidente Barack Obama acabó con su sequía de meses sin conferencias de prensa y se presentó a los corresponsales acreditados ante la Casa Blanca. Por desgracia para el pueblo americano, las preguntas sobre algunos de los principales asuntos a los que se enfrenta el país continúan sin respuesta.

    ¿La grandísima obviedad que no se debatió? La economía. Aunque al presidente le gustaría deleitarse con la reciente racha de moderado crecimiento del país, no todo va bien en Estados Unidos. Más del 8% de los americanos siguen desempleados (cerca de 13 millones en total. Y lo que es más, sólo el 63.7% de los adultos americanos pertenecen a la fuerza de trabajo activa, la más baja desde 1983). Se están creando nuevos empleos, pero no en cantidad suficiente. La actual recuperación económica es la recuperación más lenta desde la posguerra. Y cuatro años después de que la recesión empezara, la economía todavía no ha repuesto los empleos perdidos en la crisis.

    Así que con este ambiente económico de fondo, uno podría pensar que al presidente se le debería preguntar qué planea hacer para impulsar el crecimiento, o que tres años después de su tan pregonada política de estímulo, ¿por qué es tan lenta la recuperación? Otra pregunta clave es: El presidente afirmó en alguna ocasión que subir los impuestos es una maldición para la recuperación económica y atribuyó el crecimiento económico a los impuestos más bajos para la clase media. Sin embargo, sigue proponiendo subir los impuestos en dos billones de dólares. ¿Cómo van a impulsar el crecimiento del empleo unas subidas de impuestos masivas sobre los creadores de empleo, si su objetivo es ayudar a los americanos a volver a trabajar? Si Ud. quería oír cómo respondía a esas preguntas sobre la economía, ahora estará profundamente decepcionado.

    En cuanto a otro asunto relacionado, Estados Unidos marcó un importante hito desde la última conferencia de prensa del presidente. Ya hace más de 1,000 días desde que el Senado aprobó un presupuesto, y mientras tanto, de acuerdo con el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, el presidente no ofrecerá ningún plan para reformar los insostenibles programas de derechos a beneficios. ¿Qué planea el presidente acerca de ello? El tema ni se tocó ayer.

    Ed Henry, de Fox News, planteó una importante pregunta sobre la posición del presidente respecto a los precios del combustible; una de las diez preguntas a las que la Fundación Heritage esperaba que Obama empezara a responder.

    Henry preguntó: “Sus críticos dirán en el Capitolio que Ud. quiere que los precios del combustible suban porque como Ud. ha dicho anteriormente, eso alejará gradualmente de los combustibles fósiles al pueblo americano, en favor de las fuentes de energía renovables. ¿Cómo responde a eso?” Aunque sin negar que subir los precios del petróleo es parte de su agenda energética a largo plazo, el presidente citó la política electoral como razón para no querer que los precios del combustible subieran este año, y alegó que no hay una fórmula mágica que resuelva el problema. Sin embargo, el presidente ni mencionó su decisión de bloquear el oleoducto Keystone XL, ni las trabas reguladoras para perforar y refinar más en Estados Unidos ni la insistencia de su secretario de Energía, Steven Chu, de que no es su trabajo hacer que los precios del combustible sean más asequibles.

    Una significativa parte de la conferencia de prensa de ayer se dedicó al asunto de Irán y a la relación de Estados Unidos con Israel, que ciertamente es un tema importante dada la desesperada búsqueda de Irán de armas nucleares. Hubo cuestiones específicas y vitales sobre el asunto con las que no se le insistió al presidente. Concretamente, ¿se arrepiente de que su administración optara por no intervenir en la Revolución Verde iraní? ¿Cómo puede él responder a tres años de iniciativas fracasadas para estrechar lazos con países tipo Siria e Irán, dado que ambos continúan riéndose de la comunidad internacional?¿ Por qué, si el presidente es un amigo de Israel, está presionando al aliado de Estados Unidos para que negocie con una autoridad palestina que tolera a Hamás que es una organización terrorista dedicada a la destrucción de Israel? Y ¿por qué, dadas estas significativas amenazas en Medio Oriente (y de hecho en todo el mundo) está el presidente rebajando drásticamente el gasto militar y socavando la capacidad de Estados Unidos para autodefenderse?

    El último asunto primordial que quedó totalmente apartado fue la agresión de Obamacare a la libertad religiosa. Con la ley de salud del presidente, la Casa Blanca obliga a que virtualmente todos los empleadores religiosos, con la excepción de las iglesias, proporcionen seguro médico que pague la contracepción (incluidos los medicamentos abortivos) y por tanto destruyendo el libre ejercicio de la religión garantizado constitucionalmente. Aunque el asunto se debatió en el contexto de la retórica política, se ignoró la pregunta subyacente que trajo este debate a la luz pública: ¿En qué parte de la Constitución encuentra el presidente la autoridad para proclamar un mandato que viola la conciencia de las organizaciones religiosas?

    Todas estas son preguntas vitales que tienen vastas implicaciones para el futuro fiscal de América, su seguridad nacional y la integridad misma de los derechos protegidos por la Constitución. Son preguntas fundamentales sobre la función del gobierno federal, la capacidad del presidente de ofrecer soluciones a la aplastante crisis fiscal del país y su voluntad de estar junto a nuestros aliados en la defensa de su derecho a existir. Desgraciadamente, Estados Unidos debe seguir esperando a que el presidente responda.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Campana de Heritage, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión
     
    • maia

      re bueno me cirvio garak obbama