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Una lección en educación para Obama

17 / 05 / 2011


Aquellos que no aprenden del pasado están condenados a repetirlo. Sin embargo, en lo que se refiere a educación, esa es una lección que el gobierno federal no ha aprendido. Quizá es hora de poner a algunos profesores de historia en el caso. No tendrían que mirar más lejos que al presidente Obama para escribir su plan didáctico.

Ayer el presidente pronunció un discurso de fin de curso en una escuela secundaria en Memphis, Tenn., en reconocimiento a su éxito en el concurso “Desafío de Graduación de Carrera a la Cima”, una competición entre colegios para probar su compromiso a la hora de preparar a los estudiantes para la universidad. Además de aplaudir a los estudiantes, el presidente también se tomó su tiempo para autofelicitarse por la política educativa de su administración — lo que significa otro montón de gasto y más concentración de poder sobre la educación para Washington:

Desde que me convertí en presidente, mi administración ha estado trabajando duro para asegurar que progresamos sobre las bases de lo que está teniendo lugar en escuelas como esta. Tenemos que promover este tipo de cambio que no es dirigido por Washington, D.C., sino por profesores, directores y padres; comunidades enteras; gente común y corriente que se levanta y exige un mejor futuro para sus hijos.

En realidad, la estrategia del presidente no es dar más poder a profesores y comunidades. Es incrementar la autoridad del gobierno federal sobre los colegios. Lindsey Burke, de la Fundación Heritage, escribe:

A pesar de su aseveración de que los cambios en educación deben estar liderados “por profesores, directores y padres”, no por Washington D.C., el historial de la administración Obama en política educativa difiere marcadamente. Su administración ha continuado gastando a lo grande, alcanzado nuevas cotas gracias a una bonificación de $100,000 millones concedida al Departamento de Educación a través del llamado “paquete de estímulo” de 2009.

Además, el presidente está ansioso por consolidar más poder en Washington exigiendo a los estados a cumplir con estándares nacionales como parte de la reautorización de la ley Que Ningún Niño Se  Quede Atrás, propulsado por la creencia de que la reforma educativa puede hacerse de arriba abajo desde Washington. El presidente Obama llamó a la reautorización de la ley antes del comienzo del próximo año escolar.

Hay otra lección que la administración Obama debería aprender. Es acerca del despilfarro del gobierno federal — específicamente, en el Departamento de Educación. Según un informe de la Contraloría General de Estados Unidos (GAO), se están derrochando miles de millones de dólares del contribuyente en programas duplicados. De hecho, el informe encontró 82 programas redundantes sobre calidad del profesorado. Y en vez de motivar a los profesores, como dice el presidente que está haciendo, el Departamento de Educación está regulándolos. Según el representante Duncan Hunter (R–CA):

Actualmente, la carga del papeleo que impone el Departamento de Educación es mayor que la del Departamento de Defensa, el Departamento de Energía, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, el Departamento de Interior y el Departamento de Justicia. De 2002 a 2009, la carga administrativa del Departamento de Educación se calcula que creció en un 65% —  cifra asombrosa que no obstante sigue creciendo.

Afortunadamente, está en marcha una iniciativa en el Congreso para quitar al gobierno del camino de las escuelas de nuestra nación. Hunter introdujo legislación que eliminaría 43 de los 80 programas bajo Que Ningún Niño Se  Quede Atrás y el representante John Kline (R-MN), presidente del Comité de la Cámara de Representantes para la Educación y la Fuerza Laboral está decidido a reducir el papel del gobierno federal en la educación. Esto son buenas noticias dado que Que Ningún Niño Se  Quede Atrás está pendiente de reautorización. Burke explica lo que está en juego:

Según la pelea por la reautorización de Que Ningún Niño Se Quede Atrás se vaya poniendo más candente, a los políticos federales les quedarán dos opciones: continuar repitiendo las fracasadas políticas de antaño tratando de dictar la reforma educativa desde Washington, o pueden dar pasos para reducir el tamaño de lo federal y tomar un nuevo rumbo. Si el presidente Obama habla en serio sobre que la reforma educativa se acometa localmente, debería seguir a los conservadores en el Congreso que están trabajando para que los dólares del contribuyente se utilicen sabiamente y que la educación sirva a su público más importante: estudiantes, padres y contribuyentes, no burócratas en Washington.

Es siempre una buena noticia que los estudiantes tengan éxito, pero desafortunadamente, los que se gradúan este año en todo el país no son particularmente distintos en cuanto a rendimiento académico que aquellos precediéndolos años atrás. La única cosa que cambia acerca de nuestras escuelas públicas es la cantidad de dinero que el gobierno federal está usando para controlarlas. Es hora de que los resultados se midan por el logro, no por los dólares gastados. Y sí, Sr. Presidente, estos resultados se alcanzan mejor si se deja trabajar a nivel local.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
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