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Una nueva narrativa nacional: El poder duro

Una fascinante paradoja emerge a raíz de las noticias de que este domingo fuerzas especiales de Estados Unidos mataron al cerebro terrorista Osama bin Laden en una incursión magníficamente bien planeada y ejecutada en Pakistán.

Es muy legítimo que la administración Obama celebre la victoria más importante de la guerra contra el terrorismo global que lleva ya 10 años, disfrutando de la gloria de la justicia contra un hombre que planeó el asesinato de casi 3.000 inocentes, la mayor parte de ellos eran ciudadanos americanos pero también hubo ciudadanos de muchas otras naciones entre las víctimas. “Su fin debe ser bien acogido por todos los que crean en la paz y la dignidad humana” dijo el presidente Obama en su discurso de la noche del domingo desde la Casa Blanca.

Sin embargo, al mismo tiempo, la administración se encuentra contradiciendo la “narrativa nacional” que ha estado forjando con sumo esmero desde que el presidente Obama asumió su cargo. La narrativa a la que me refiero es una historia, al estilo Jimmy Carter, de una nación en decadencia, forzada a aceptar compromisos internacionales y a hacer debilitantes recortes a su presupuesto militar. Pero no fue el multilateralismo el que derribó a Osama bin Laden, tampoco fue el “poder blando” ni siquiera el “poder inteligente”. Lo que sucedió el domingo no se puede describir más que como un triunfo del “poder duro”, de la inteligencia militar, de la habilidad, de la precisión y del valor. También fue un sobresaliente ejemplo de Estados Unidos “haciendo las cosas por su cuenta”.

Todo lo anterior contradice la reciente publicación de A National Strategic Narrative (Una narrativa estratégica nacional) del Centro Woodrow Wilson y entusiastamente respaldado por Anne-Marie Slaughter que desde 2009 hasta 2011 fue directora de planeamiento político en el Departamento de Estado.

Aunque no es un documento oficial, ciertamente es justo decir que este documento encaja perfectamente con la Revisión Cuadrienal de Diplomacia y Desarrollo del Departamento de Estado de Clinton al cual Slaughter estuvo muy ligada. Una “narrativa nacional” (un eslogan de nuestros días) es la historia a través de la que un pueblo entiende el papel de su país en el mundo. “El Sueño Americano” es una narrativa fundacional de ese tipo para Estados Unidos al igual que la narrativa del “excepcionalismo americano.”

El documento sobre “la narrativo estratégica nacional” – escrito por el capitán de la Marina Wayne Porter y el coronel de la Marina Mark Mykleby (bajo el seudónimo Mr. Y) – aspira a desempeñar un papel similar al del famoso artículo de George Kennan “Mr. X” publicado en 1947 por la revista Foreign Affairs. Sin embargo, aunque Kennan fomentaba el liderazgo global americano con la contención de la Unión Soviética, el derrotismo está a la orden del día si ha de creer en lo que dicen Porter y Mykleby. En otras palabras, Mr. Y no es Mr X.

“Tome en consideración la descripción del presidente de Estados Unidos como el “líder del Mundo Libre” ‘una frase que ha descrito el poder de Estados Unidos y la estructura del orden global durante décadas. Sin embargo, cualquier persona menor de 30 años hoy en día, la mayoría de la población mundial, probablemente no tiene ni la menor idea de lo que eso significa” según escribe Slaughter.

Se trata de una afirmación altamente dudosa. De acuerdo a la opinión de Slaughter, Estados Unidos está entrando en un período de “declinismo”, definido como “la certeza periódica de que estamos perdiendo todas las cosas que nos han convertido en una gran nación”. Al ver a Estados Unidos de hoy bajo esa luz, Porter y Mykleby producen un modelo para una posición futura no muy asertiva en política exterior. Los elementos de esta narrativa estratégica incluyen el abandono de cualquier noción de que Estados Unidos pueda controlar o dominar los acontecimientos globales, confiar en el multilateralismo, en el “sostenimiento” – queriendo decir el centrarse en recursos domésticos – y recortar defensa para financiar el compromiso global.

No obstante, la realidad es que el “poder blando” (ni siquiera el “poder inteligente”) ha producido los resultados prometidos por la administración Obama, pero el “poder duro” sí lo ha hecho.

La política del presidente de aunentar los ataques con aviones no tripulados en la frontera Afganistán-Pakistán ha tenido muchísimo más impacto sobre la actividad de los terroristas que los cerros de dinero en ayuda exterior dados a Afganistán y a Pakistán. Y la muerte de Osama bin Laden a manos de las fuerzas especiales de Estados Unidos añadirá nuevos argumentos para rechazar profundos y paralizantes recortes en defensa.

Esperemos que hasta el presidente reaccione ante la ironía de la situación mientras sigue disfrutando de la brillantez de la exitosa incursión del domingo.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

Posted in Análisis, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo Americano, Opinión, Proteger a América, Terrorismo