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  • Una visión más amplia sobre la abstinencia juvenil y las enfermedades venéreas

    Hace poco se publicó un estudio que se comentó en las noticias y que anunciaba lo siguiente: estadísticamente hablando, a una parte importante de adultos jóvenes que dicen practicar la abstinencia sexual se les diagnostican enfermedades venéreas, también conocidas como enfermedades de transmisión sexual (ETS). Según el estudio llevado a cabo por la Universidad de Emory, el 10% de los jóvenes que afirmaba no haber tenido ningún contacto sexual en los últimos 12 meses daba positivo de ETS, con un 60% de ese 10% afirmando que jamás había tenido sexo en su vida.

    La solución propuesta: exigir que todos los jóvenes – incluso los que afirmaban practicar la abstinencia – se hicieran una prueba de ETS. Sin embargo, esta recomendación de tipo provisional, por no decir controvertida, no representa una verdadera respuesta al problema de la actividad sexual entre la juventud de la nación hoy en día.

    Los autores del estudio actual sugieren que la discrepancia en las respuestas probablemente se deba a una variedad de factores: jóvenes que contrajeron la ETS antes de los 12 meses en los que se mensuró el estudio, simple error de prueba, jóvenes que la contraían por practicar otros tipos de comportamiento sexual o porque los participantes simplemente no decían la verdad sobre su abstinencia.

    Independientemente de ello, lo que sabemos a ciencia cierta – a partir de esta investigación y de otros estudios – es que la actividad sexual aumenta el riesgo de ETS de manera significativa. También sabemos que la gente joven tiene índices mucho más altos de ETS comparado con el resto de la población. Más allá de las enfermedades venéreas, la investigación nos dice que los jóvenes que tienen sexo sufren de mayor tendencia a deprimirse y a no rendir bien en la escuela, por no mencionar que las jóvenes tienden a salir embarazadas y a ser madres solteras. (En Estados Unidos, el 80% de toda la pobreza a largo plazo se da en hogares de madres solteras).

    Además, un estudio publicado hace solo unas semanas demuestra que las parejas que inician su actividad sexual al principio de su relación manifiestan un menor nivel de satisfacción y menor estabilidad en sus matrimonios.

    Afortunadamente, sabemos que la mejor manera para que la juventud no tenga estos problemas es la abstinencia como preparación para un matrimonio sano en el futuro.

    También es una fortuna que los padres gocen de gran influencia a la hora de ayudar a los jóvenes a evitar la actividad sexual. Los investigadores informan de una variedad de factores que ayudan a los adolescentes a practicar la abstinencia; entre ellos están: una familia intacta, la falta de aprobación de los padres respecto a la actividad sexual, supervisión por parte de los padres y una comunicación fluída sobre el sexo y sus consecuencias. No obstante, la investigación también demuestra que los padres a menudo no están tan enterados del comportamiento sexual de sus hijos como en realidad deberían estarlo. Demasiada gente joven se pone en riesgo al pasar a ser sexualmente activo. Los jóvenes no solo se arriesgan a contraer ETS sino que también se pueden convertir en padres solteros y acabar en la pobreza y dependientes de la asistencia social. Un visita a la consulta del médico no es la respuesta para evitar estos problemas. Lo que los jóvenes necesitan es un mensaje claro sobre la importancia de la abstinencia así como contar con el sólido respaldo de sus padres.

    Este artículo está disponible en inglés en Heritage.org

    Posted in Estudios, Familia y Religión, Opinión