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  • ¿Vale la pena arruinar a mi hijo por este plan del gobierno?

    Con los presupuestos del presidente Barack Obama para el ejercicio fiscal 2012, los pagos netos de intereses de nuestra deuda superarán para 2014 lo gastado en educación, transporte, energía y todos los demás programas discrecionales juntos con la excepción del de defensa. Durante la próxima década, cada ciudadano pagará más de $2,500 por año solamente en intereses. Dicho sucintamente: nuestros actuales hábitos derrochadores están arruinando a nuestros hijos. Esto se tiene que acabar. La mentalidad de gastar más de la cuenta debe cambiar, y el debate de esta semana sobre los meses restantes del presupuesto del ejercicio fiscal 2011 es el comienzo de esa lucha. Recortes sustanciales este año, como por los que están peleando los conservadores en la Cámara de Representantes, no equilibrarán el presupuesto por sí solos, pero son un imperativo para crear el empuje necesario a fin de afrontar otras futuras reformas de gasto.

    No todo el gasto público es malo. El gobierno cubre ciertas funciones básicas por las que debemos pagar. Es por ello por lo que el deber de “proveer la defensa común” está justo ahí en el Preámbulo de la Constitución de Estados Unidos. Aunque es cierto que nuestras prácticas actuales de gasto en defensa están lejos de la perfección, las analistas de la Fundación Heritage especializadas en defensa, Mackenzie Eaglen y Julia Pollack, han identificado reformas del gasto de defensa que podrían ahorrar a los contribuyentes más de $70 mil millones. Pero estos ahorros se deberían usar para estabilizar las fuerzas armadas. Los efectos de las prórrogas de gasto a corto plazo de los presupuestos están ya causando estragos en los planes de mantenimiento de equipos y de nivel de preparación de las fuerzas militares americanas. El Congreso debería estar a la altura de su deber constitucional y aprobar una ley de prespuesto de defensa que financie completamente la petición del presidente para el año fiscal 2011.

    Otras medidas de seguridad pública que el Congreso financia pueden parecer necesarias pero en realidad no lo son. Ayer, los progres consiguieron restituir los fondos, $510 millones, para el Programa Fondo de Asistencia a Bomberos (AFG) de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) y $310 millones para el programa de la Oficina de Servicios Policiales Orientados hacia la Comunidad (COPS). Ambos son programas que sólo por principios de federalismo son inherentemente sospechosos, pero dejemos al margen esta cuestión por el momento y hablemos nada más que del gasto. Como mínimo, los contribuyentes deberían esperar que el gobierno federal no desperdicie su dinero en programas ineficaces. La seguridad es de vital importancia. Pero si un plan de seguridad no nos mantiene seguros, está despilfarrando nuestro dinero. Tanto COPS como los programas de subvención de apoyo contra incendios de FEMA son todo un desperdicio de dinero. El Centro de Análisis de Datos (CDA) de la Fundación Heritage ha recabado datos de 1999 a 2006 de 10,033 departamentos de bomberos y mediante el uso del análisis de regresión, ha estimado el impacto de las ayudas en cuanto a víctimas de incendios. La evaluación de nuestro CDA ha revelado que las ayudas AFG no tuvieron impacto en el número de víctimas. La investigación de la Fundación Heritage ha demostrado que COPS fracasó a la hora de añadir 100,000 policías más a las calles del país y tampoco fue eficaz reduciendo el crimen. ¿Por qué estamos llevando a la quiebra a nuestros hijos para pagar por estos programas completamente carentes de eficacia?

    El argumento de endeudarse para financiar otros programas inútiles es aún más débil. El plan Head Start de la era de la “Gran Sociedad” del presidente Lyndon Baines Johnson no sólo es ineficiente sino que está plagado de fraude. Nuestros hijos pueden disfrutar de los canalaes de televisión Discovery, Nickelodeon y National Geographic, pero los contribuyentes aún se ven obligados a financiar la Corporación de Radiodifusión Pública (CPB). Con Elmo presente en todas partes, desde libros, loncheras y hasta ropa, es ya hora de que PBS empiece a financiarse sola. El Programa de Subsidios Globales para el Desarrollo Comunitario (CDBG) ha convertido en la fuente de financiación para despilfarradores proyectos políticos como la Casa y Museo de Mark Twain, el Museo Salvador Dalí o la Fundación del Lugar de Nacimiento de Helen Keller. ¿Vale la pena arruinar a nuestros hijos por construir otro museo más? La Agencia de Empleo y Entrenamiento (ETA) del Departamento de Trabajo gasta miles de millones de dólares cada año en programas que son tan ineficaces que el Departamento ha dejado de evaluarlos. Si estos programas no pueden probar que crean empleos, ¿para qué estamos llevando a la quiebra a nuestros hijos por ellos?

    En 1991, P.J. O’Rourke dijo sarcásticamente: “El presupuesto crece porque, como los cigotos y los jardines en los suburbios, no está diseñado para nada más”. Cuando se publicó esa frase, nuestra deuda nacional estaba en unos $4 billones. Hoy está en más de $14 billones. Se espera que la Cámara de Representantes vote hoy sobre las enmiendas de los congresistas Denny Rehberg (R-MT) y Cathy McMorris Rogers (R-WA) que empezarían a atacar nuestro problema de los derechos a beneficios al quitarle la financiación a Obamacare. La enmienda de Rehberg especifica que ningún “dinero que esta ley ponga a disposición puede usarse para pagar a ningún empleado, cargo, contratista o beneficiario de ningún departamento o agencia … para implementar” Obamacare. La enmienda de McMorris Rogers específicamente deja sin fondos para la implementación de la ley a los empleados del Servicio de Impuestos Internos (IRS). Si no podemos recortar programas gubernamentales claramente ineficaces, no habrá esperanza de poder reformar el gasto de los derechos a beneficios que provoca nuestros déficits.

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org
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