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Vista desde la frontera

¿Cómo va la batalla por la frontera?

El experto en América Latina de la Fundación Heritage Ray Walser y yo estuvimos en la frontera en Laredo, Texas con la gente del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) así como de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. Laredo es el puerto terrestre de entrada más grande de Estados Unidos. El año pasado, 1.64 millones de camiones pasaron por el puerto, lo que representa alrededor de $70,000 millones en comercio. Pero en ese tránsito también había oculto mucho dinero en efectivo, armas, cocaína, heroína y marihuana, así como gente que intenta entrar ilegalmente a Estados Unidos. El trabajo del CBP y la Patrulla Fronteriza, ambas hacen parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), es mantener fuera la mayor cantidad posible de “cosas malas” y dejar que las “cosas buenas” entren lo más rápido posible.

Es un trabajo sin descanso, 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. Ningún día es aburrido. Durante nuestro estancia en Laredo, el CBP confiscó $350 millones en efectivo escondidos en fajos detrás del panel de instrumentos de un automóvil.

Además de preocuparse por lo que pasa por la frontera, el DHS se preocupa por lo que está sucediendo en el otro lado de la frontera en Nuevo Laredo ya que hay una cruenta guerra por territorio entre cárteles transnacionales rivales causando estragos. La violencia de la ciudad rivaliza con los peores días en Bagdad en 2005. Recientemente, se encontró el cuerpo decapitado de María Isabel Macías Castro, una bloguera que había estado catalogando las actividades del cártel, “tirado junto a un teclado de computadora con una nota firmada por un importante cártel del narcotráfico y burlándose de su seudónimo –‘Chica de Laredo’”.

Yo ya había visitado el sector de Laredo hace unos años. Muchas cosas han cambiado desde entonces.

Por el lado mexicano, las cosas han ido a peor, mucho peor. La policía, completamente infiltrada por los cárteles, ha sido abolida. El Ejército de México patrulla ahora las calles.

Por el lado de Estados Unidos, Laredo es una vorágine con pocos signos de la violencia del vecino extendiéndose por la frontera.

En Laredo, los hombres y mujeres del CBP y la Patrulla Fronteriza se toman su trabajo muy en serio – y se nota. Las instalaciones, capacidades y actividades del CBP y la Patrulla Fronteriza también han cambiado. Las inversiones realizadas por el DHS durante la última década claramente están dando frutos. Hay más tecnología, más agentes, más innovación y más cooperación con otras fuerzas de la ley tanto federales y estatales como autoridades locales, e igualmente hay una sólida relación de trabajo con el Ejército mexicano que suplementa las iniciativas desde el otro lado de la frontera.

Hay, sobre todo, noticias positivas sobre las iniciativas para facilitar el comercio. Poco antes de nuestra visita, hubo una ceremonia para conmemorar el paso del primer camión mexicano de largo recorrido autorizado a transportar envíos hacia Estados Unidos. Este avance va a reducir de manera significativa el costo de hacer negocios transfronterizos y beneficiará a ambos países.

Por el lado de la seguridad, el tráfico ilegal de todo tipo está descubriendo que el sector de Laredo es una ruta más difícil.

También está claro que incluso los mejores esfuerzos en la frontera no son suficientes por sí mismos. Estados Unidos ha ampliado la batalla por el control de la frontera más allá de sus fronteras. En este campo, la administración puede hacerlo mucho mejor.

Por el lado de Estados Unidos, es preocupante oír cada vez más noticias acerca de que el DHS está renunciando a mantener vigilancia y control domésticos. Por el lado mexicano, a las iniciativas de Estados Unidos para trabajar con México y mejorar la seguridad, abrir la economía y restaurar la sociedad civil les siguen faltando un sentido de urgencia, enfoque y trabajo en equipo – y a veces hasta sentido común. La reciente debacle conocida como la Operación Rápido y Furioso es el ejemplo más patente de cómo no operar en las fronteras.

También son preocupantes las perspectivas de recortes generalizados en el presupuesto ya que podrían paralizar las iniciativas de seguridad fronteriza que se han incorporado a lo largo de la última década.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

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