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¿Y la economía? Sigue igual de mal

Según una encuesta de principios de este año, los votantes tienen una opinión más elevada de las cucarachas que de los congresistas. La popularidad personal del presidente Obama se mantiene sólida, pero el índice de aprobación de su trabajo está bajando. Entonces, ¿por qué son tan impopulares nuestros responsables electos?

Podría ser simplemente porque no escuchan. Encuesta tras encuesta, el pueblo americano continúa diciéndole a Washington que su prioridad es la economía. Una reciente encuesta de Fox News preguntaba a los encuestados cuál es el asunto más importante al que se enfrenta la nación. Y estos fueron los resultados: la economía obtuvo el 42%, el déficit 17%, las armas 5% y la inmigración 4%.

Sin duda, el presidente Obama heredó una economía débil, pero sus acciones políticas, incluidas Obamacare con sus esperados mandatos carísimos sobre las empresas y la regulación Dodd-Frank de los servicios financieros, han empeorado la situación. Incluso cuando vemos un poco de crecimiento económico, el crecimiento del empleo es débil. Como resultado de ello, la gente ha estado abandonando la población activa. El analista de la Fundación Heritage James Sherk indicó recientemente que: “La participación en la población activa cayó hasta el 63.3%, el nivel más bajo desde 1979”. Estados Unidos necesita que la gente vuelva al trabajo productivo, no reclutar más americanos para que se incorporen a los programas de cupones de alimentos.

Sin embargo, en vez de trabajar en proyectos de ley que impulsen la economía, justo ahora los políticos están trabajando en un proyecto de ley para darnos un impuesto sobre las ventas en Internet y otro para una reforma integral de la inmigración que ofrece una amnistía.

La presión de los progresistas en cada una de estas cuestiones resultará destructiva para nuestras libertades. Por ello, la Fundación Heritage y Heritage Action han estado luchando contra las directrices progresistas en todo momento.

La Fundación Heritage continúa luchando en el tema de la inmigración, señalando las principales fallas del plan de la Banda de los Ocho y calculando cuánto les costaría una amnistía a los contribuyentes americanos.

La Fundación Heritage ha criticado también la maniobra en favor de un nuevo impuesto sobre las ventas en Internet para ayudar a los estados a recaudar más fondos con el fin de hacer crecer el tamaño del gobierno. El Senado está considerando obligar a las empresas a recaudar impuestos para unos estados en los que no tienen presencia física, una afrenta para el gobierno representativo que abriría la puerta a la intromisión del gobierno en Internet mediante regulaciones.

Los progresistas controlan en efecto la agenda de Washington. Harry Reid (D-NV) tiene la llave del Senado y el presidente Obama tiene el megáfono de la información. Washington ha centrado su atención en aquello sobre lo que quieren hablar y en lo que están impulsando. Y la prensa obediente ciertamente amplifica ese mensaje.

Sin embargo, los conservadores de la Cámara de Representantes no están indefensos. Deberían tratar de fijar la agenda en la economía. En la última sesión, aprobaron unos 40 proyectos de ley que dijeron que serían beneficiosos para la economía, aunque todos ellos fueron rechazados en el Senado. No obstante, parece que en este Congreso se han dado por vencidos.

En cierto modo ¿quién puede culparlos cuando los progresistas rechazan sus ideas inmediatamente? Sin embargo, sería mucho mejor para Estados Unidos que diesen a conocer su propia agenda y dejaran claro que distracciones como la reforma integral de la inmigración y su amnistía, así como el impuesto sobre las ventas en Internet, no llegarán a ningún lado en la Cámara.

En cambio, los líderes de la Cámara prácticamente están dando pie a esos asuntos que provocan división y distracción al no decir nada o aún peor, diciendo que la Cámara acometerá una legislación similar (en el caso de la reforma de la inmigración).

Pero Washington sí que podría hacer un buen número de cosas para mejorar la economía. Aquí tiene tres especialmente relevantes en estos momentos: (1) anular las subidas de impuestos de Año Nuevo que ya están perjudicando la economía, (2) tomar medidas, que aunque sean modestas estén respaldadas por ambos partidos, para reducir las obligaciones a largo plazo sin financiación de los programas de derechos a beneficios y poner al país en la senda del balance presupuestario en 10 años (puesto que sumar más deuda ralentiza la economía) y (3) derogar, o al menos retrasar, Obamacare cuyos mandatos y costos devastadores están destruyendo empleos y pisoteando la libertad religiosa de empleadores en casos como los de Hobby Lobby, la de religiosos que prestan servicios sociales, o la de albergues para personas sin hogar.

Y si estas medidas parecen demasiado partidistas, ¿por qué no toman una primera medida bastante fácil y aprueban el oleoducto Keystone XL? Este proyecto crearía miles de empleos bien remunerados. El presidente podría actuar al respecto, pero si no lo hace, entonces el Congreso debería aprobar este oleoducto y obligar al presidente a tener que vetarlo. De hecho, durante el debate presupuestario en el Senado, una enmienda presentada por el senador John Hoeven (R-ND) y que respaldaba el oleoducto Keystone fue aprobada por 62 votos frente a 37.

Sabemos que la economía de Estados Unidos no tendrá ayuda en un momento en el que los progresistas están librando batallas ideológicas. Sin embargo, los conservadores de estados como Wisconsin, Texas y Carolina del Sur están demostrando que tienen verdaderas soluciones que benefician a todos los ciudadanos. Están luchando por un gobierno limitado, impuestos más bajos, presupuestos balanceados y una mayor libertad económica.

Los conservadores de Washington deberían tomar nota. Los políticos de Washington seguirán siendo impopulares si se centran en los temas equivocados y lo hacen de un modo que divida al pueblo americano. Washington, ¡despierta! Nuestra economía lo está pasando mal.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

 

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